miércoles, 26 de julio de 2017

Ricardo II de Inglaterra ★ |•••► #FRANCE #Genealogia #Genealogy ♛

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Ricardo II de Inglaterra (Burdeos, 6 de enero de 1367 - Yorkshire, c. 14 de febrero de 1400), llamado también Ricardo de Burdeos fue rey de Inglaterra desde 1377 hasta su derrocamiento en 1399.

Nacido en Burdeos en 1367 siendo el segundo hijo de Eduardo de Woodstock llamado el Príncipe Negro y su esposa Juana de Kent. En 1372, a la muerte de Eduardo de Angulema, su hermano mayor, se convirtió en el segundo en la línea de sucesión al trono inglés, solamente precedido por su padre. Posteriormente, la muerte de este en 1376 lo convierte en el heredero del trono de su abuelo. Al año siguiente, con la muerte del rey Eduardo III de Inglaterra el 21 de junio de 1377, Ricardo sube al trono con sólo 10 años.

Durante los primeros años de su reinado, el gobierno estuvo a cargo de un consejo. La aristocracia prefirió esto en lugar de una regencia encabezada por Juan de Gante, tío del monarca, sin embargo Juan tuvo gran influencia en el gobierno. La revuelta de los campesinos en 1381 representó el primer gran reto que tuvo que enfrentar durante su reinado, en la cual el joven rey jugó un papel importante en la supresión exitosa de esta crisis. Sin embargo en los años siguientes, la dependencia del rey de un pequeño número de cortesanos causó descontento entre los más influyentes quienes se rebelaron y en 1387 el control del gobierno pasó a manos de un grupo de aristócratas conocidos como los Lords Appellant. Para 1389 Ricardo había recuperado el control y durante los ocho años siguientes mantiene la paz con sus antiguos adversarios.

Es recién en 1397 cuando Ricardo toma represalias con los antiguos rebeldes, los cuales en su mayoría son exiliados o ejecutados. Los dos años siguientes son conocidos como la tiranía de Ricardo II. En 1399 tras la muerte de Juan de Gante desterró de por vida a su primo Enrique Bolingbroke. En junio del mismo año Enrique invadió Inglaterra con un pequeño ejército el cual creció rápidamente. A pesar de que Enrique decía solamente querer su patrimonio perdido, pronto se hizo evidente su intención de reclamar el trono para sí mismo. Sin encontrar mucha resistencia, Enrique depuso a Ricardo y se hizo proclamar rey como Enrique IV. Ricardo murió en prisión en febrero de 1400, al parecer fue dejado morir de inanición sin embargo aunque persisten las interrogantes sobre su destino final.

De Ricardo se decía que era alto, guapo e inteligente. Aunque probablemente no fue demente, como anteriormente los historiadores solían creer, pudo haber sufrido hacia el final de su reinado de lo que los psicólogos modernos llamarían un "trastorno de personalidad". Menos belicoso que su padre o abuelo, trató de poner fin a la Guerra de los Cien Años que Eduardo III había iniciado. Además, era un firme creyente en la prerrogativa real, algo que le llevó a limitar el poder de la aristocracia y contar con un séquito privado para su protección personal. A diferencia de la corte fraterna y marcial de su abuelo, Ricardo cultivó un ambiente refinado en su corte, en la que el rey era una figura elevada, con el arte y la cultura en el centro.

La reputación póstuma de Ricardo se debe en gran medida a William Shakespeare, cuyo obra Ricardo II muestra a su mal gobierno y posterior derrocamiento por parte de Enrique como causantes de la Guerra de las Rosas, en el s. XV. Los historiadores modernos no aceptan dicha interpretación, sin embargo tampoco lo exoneran como causante de su propio destronamiento. La mayoría de ellos coinciden en que, a pesar de que sus políticas no eran sin precedentes, la manera en la que las llevó a cabo era inaceptable para la clase política, y esto condujo finalmente a su caída.

Primeros años®

Letra historiada de un manuscrito del s. XIV. En él se muestra a Eduardo, príncipe de Gales arrodillado ante su padre, Eduardo III de Inglaterra.
Ricardo de Burdeos, llamado así por su lugar de nacimiento, fue el menor de los hijos de Eduardo, príncipe de Gales y de Aquitania llamado posteriormente el Príncipe Negro y su esposa Juana de Kent. Su padre, heredero al trono de Inglaterra, era hijo de Eduardo III y se había distinguido como comandante militar durante las primeras fases de la Guerra de los Cien Años, principalmente en la batalla de Poitiers en 1356. Sin embargo, después de numerosas aventuras militares, contrajo disentería en España en 1370, de la cual nunca se recuperaría y tuvo que regresar a Inglaterra al año siguiente.1​ Por otra parte, su madre Juana de Kent se había visto involucrada en una disputa matrimonial entre Thomas Holland, conde de Kent y William de Montacute, conde de Salisbury de la cual salió victorioso el primero. Tras enviudar en 1360, Juana contrajo matrimonio el 10 de octubre de 1361 con Eduardo, príncipe de Gales. Dado que Juana era nieta de Eduardo I y prima hermana de Eduardo III el matrimonio requirió la aprobación papal.2​


Armas de Ricardo, príncipe de Gales
Ricardo nació en el palacio arzobispal de Burdeos, en el principiado de Aquitania el 6 de enero de 1367, siendo el segundo hijo de la pareja. De acuerdo a fuentes de la época, tres reyes —los de Castilla, Navarra y Portugal— estuvieron presentes en su nacimiento.3​ Esta hecho y el haber nacido en la epifanía, fue posteriormente usada en la simbología religiosa del díptico de Wilton, pintura anónima de finales del s. XIV, donde Ricardo es uno de los tres reyes que rinden homenaje a la Virgen y el Niño.4​ En 1371 con la muerte de Eduardo de Angulema, su hermano mayor, Ricardo se convierte en el heredero de su padre.5​ Finalmente en 1376, su padre muere tras sucumbir a su larga enfermedad. Tras esto, la cámara de los comunes temía que Juan de Gante, tío de Ricardo, usurpara el tronoa​ por lo que Ricardo fue investido inmediatamente como príncipe de Gales, además de los otros títulos que poseía su padre.7​

El 21 de junio del año siguiente muere Eduardo III y Ricardo es coronado rey el 16 de julio de 1377 contando solamente con 10 años de edad.8​ Una vez más los temores de la ambición de poder de Juan de Gante influyeron en las decisiones políticas y se evitó formar una regencia encabezada por los tíos del rey.9​ El gobierno fue conducido por la realeza ayudados por una serie de concejos, de los que Gante fue excluido.3​ No obstante, tanto este como su hermano menor Tomás de Woodstock, conde de Buckingham tuvieron gran influencia nominal en los asuntos de gobierno.

Con el tiempo los amigos y consejeros del rey, especialmente Sir Simon de Burley y Robert de Vere, adquirieron cada vez más poder ganándose la desconfianza de los Comunes interrumpiéndose los concejos en 1380.3​ Aumentando el descontento general, se establecieron tres impuestos entre 1377 y 1381 con el objetivo de financiar campañas militares en el continente, las cuales resultaron en un fracaso.10​ Para 1381 existía un gran descontento contra la clase gobernante en los niveles más bajos de la sociedad inglesa.11​

La revuelta de los campesinos®
Artículo principal: Rebelión de Wat Tyler

Wat Tyler asesinado por William Walworth mientras Ricardo II se dirige a la multitud. Manuscrito Gruuthusem, en las Crónicas de Froissart, c. 1475
A pesar que el impuesto de 1381 fue el detonante de la revuelta campesina, la verdadera raíz del conflicto radica en las tensiones entre campesinos y los terratenientes originadas en los cambios económicos y demográficos que a su vez ocasionó la peste negra.3​ La rebelión comenzó en Kent y Essex a finales de mayo de 1381, y el 12 de junio, grupos de campesinos se reunieron en Blackheath, cerca de Londres, bajo el liderazgo de Wat Tyler, John Ball y Jack Straw. El palacio Savoy de Juan de Gante fue incendiado. Simon Sudbury, arzobispo de Canterbury y lord canciller del rey, además de Robert Hales, el lord tesorero, fueron asesinados por los rebeldes,12​ quienes exigían la abolición de la servidumbre.13​ El rey, quien permaneció refugiado en la Torre de Londres junto a sus cancilleres, estaba de acuerdo en el hecho que la Corona no poseía las fuerzas suficientes para aplastar la rebelión y que la única solución viable era negociar.14​

No está claro que tanto intervino Ricardo en las deliberaciones, quien contaba con catorce años, pero los historiados han sugerido que fue uno de los que propuso negociar.3​ Dichas negociaciones se llevarían a cabo el 13 de junio junto al río pero la gran cantidad de personas que ocuparon sus riveras imposibilitó al monarca desembarcar y se vio obligado a regresar a la torre.15​ Sin embargo, el día siguiente logró reunirse con los rebeldes en Mile End, al este de Londres.16​ A pesar de que Ricardo accedió a sus demandas, rebeldes continuaron con los saqueos y asesinatos.17​ Al día siguiente, el rey se reunió con Wat Tyler en Smithfield y reiteró su posición de cumplir con sus demandas pero el líder rebelde no estaba convencido de la sinceridad de Ricardo. Ante esto, la inquietud entre los hombres de Ricardo creció estallando un altercando durante el cual William Walworth, alcalde de Londres, bajó a Tyler de su caballo y fue asesinado.18​ La situación se tornó tensa cuando los rebeldes se dieron cuenta de lo ocurrido pero Ricardo actuó con calma y exclamó ≪Yo soy su capitán, síganme≫b​ y llevó a la multitud fuera del lugar. Mientras tanto Walworth reunió a sus hombres para rodear a los rebeldes, sin embargo Ricardo les concedió el indultó y les permitió regresar a sus hogares.20​

Sin embargo, el rey pronto revocó los estatutos de libertad e indultos concedidos reiniciándose la rebelión ante la cual Ricardo se dirigió personalmente a Essex para reprimirla. El 28 de junio en Billericay el rey derrotó a los últimos rebeldes durante una pequeña escaramuza poniendo fin a la revuelta campesina.13​ A pesar de su corta edad, Ricardo demostró coraje y determinación en el manejo de la rebelión. Es probable que la rebelión ayudara a formar la postura absolutista que más tarde sería fatal para su reinado.3​

Mayoría de edad®

Ricardo y Ana, grabado del Liber Regalis, c. 1382.
Es hasta la revuelta campesina que la figura de Ricardo comienza a emerger con claridad en los anales.21​ Uno de sus primeros actos significativos después de la rebelión fue su matrimonio el 20 de junio de 1382 con Ana de Luxemburgo, hija del emperador germánico Carlos IV de Luxemburgo y su esposa Isabel de Pomerania.22​c​ El matrimonio era de gran importancia estratégica; con Europa dividida por el Gran Cisma, Bohemia y el Sacro Imperio eran vistos como potenciales aliados contra Francia en la Guerra de los Cien Años.d​ Sin embargo, el matrimonio nunca fue popular en Inglaterra y a pesar de las grandes sumas de dinero otorgados al Sacro Imperio, no se logró ninguna victoria militar.24​ Ana murió en 1394 víctima de la peste sin haberle dado a Ricardo ningún hijo, no obstante fue muy llorada por su viudo.25​

Michael de la Pole fue una pieza fundamental en las negociaciones de dicho matrimonio3​ y a pesar de provenir de una familia de mercaderese​ logró ganarse la confianza del rey y gradualmente se vio involucrado con su corte y su gobierno personal.26​ Posteriormente, Ricardo lo nombró lord canciller en 1383 y dos años después fue creado conde de Suffolk.27​ Otro miembro del círculo cercano del rey era Robert de Vere, conde de Oxford quién durante este período fue el favorito del rey. El linaje de los Vere, a pesar de ser antiguo, era relativamente modesto para pertenecer a la nobleza inglesa.28​ Su cercanía con el monarca fue mal visto por la clase política y esta sensación se incrementó cuando Ricardo lo creó duque de Irlanda en 1386.29​30​ El cronista Thomas Walsingham ha sugerido que la relación entre ambos era de naturaleza homosexual, sin embargo es conocida la animadversión del cronista hacia el rey.31​

La tensión entre los favoritos del rey y la clase política pronto se vio reflejada en la guerra con Francia. Mientras que su corte personal prefería negociar, sus tíos Juan de Gante y Tomás de Woodstock instaron en realizar una campaña a gran escala con el objetivo de proteger las posesiones inglesas3​ enviándose a Henry le Despenser, obispo de Norwich al mando de una cruzada que resultó en un fracaso.3​ Ante esta derrota en el continente, el monarca enfocó sus esfuerzos en Escocia, aliado de Francia y en 1385 Ricardo lideró personalmente una expedición punitiva contra su vecino del norte32​ la cual fracasó teniendo que regresar sin haberse enfrentado a los escoceses.33​ Mientras tanto, un levantamiento en Gante (actual Bélgica) evitó una invasión francesa al sur de Inglaterra.34​ Debido a estas derrotas militares, las relaciones entre el rey y su tío Juan de Gante se deterioró aún más y este dejó Inglaterra en 1386 para dedicarse por completo a sus pretensiones sobre la Corona de Castilla en medio de rumores de un complot en su contra.3​ Sin Juan de Gante, el liderazgo de la oposición del rey pasó a Woodstock —creado recientemente duque de Gloucester— y a Richard FitzAlan, conde de Arundel.3​

Crisis de 1386-1388®

Robert de Vere, favorito de Ricardo II huyendo de la batalla del puente Radcot, en 1357. En las Crónicas de Froissart, c. 1475
La amenaza de una invasión francesa no desapareció, por el contrario se incrementó en 1386.3​ En octubre de ese año Michael de la Pole en su condición de lord canciller solicitó al Parlamento incrementar las defensas del reino a un nivel sin precedentes.35​ Sin embargo el Parlamento, que presuntamente trabajaba con el duque de Gloucester y el conde de Arundel,3​35​ se negó a considerar cualquier solicitud presentada por Pole hasta que fuera removido del cargo.36​ El monarca rehusó despedir a nadie a petición del Parlamento37​ y no fue hasta que fue amenazado con su destitución cuando Ricardo se vio obligado a ceder y retirar a Pole de su puesto.38​ Tras su salida, se creó una comisión para revisar y controlar las finanzas reales.39​

Ante esta ofensa a su dignidad real, Ricardo realizó un viaje por todo el reino entre febrero y noviembre de 1387 con el objetivo de reunir apoyo a su causa.40​ Tras colocar a Robert de Vere como Juez de Chester creó una base militar leal en Cheshire,41​ y se aseguró que Robert Tresilian, presidente del Tribunal Supremo emitiera una resolución donde tachaba de desleal y traicionera la conducta del Parlamento.42​

A su regreso a Londres, el rey se enfrentó a Woodstock, Arandel y a Thomas de Beauchamp, conde de Warwick ante quienes interpuso un recurso de apelaciónf​ acusándolos de traicionar a De la Pole, Vere, Tresilian y otros de sus partidarios como Nicholas Brembre, alcalde de Londres y Alexander Neville, arzobispo de York.43​ Mientras esperaba los refuerzos militares de Chesire bajo el mando de Vere, Ricardo procuró alargar las negociaciones entre él y los acusados.44​ A Woodstock, Arandel y Warwick se le unieron Enrique, conde de Derby (hijo de Juan de Gante y futuro Enrique IV) y Thomas de Mowbray, duque de Norfolk, grupo al que se le conocería posteriormente como los Lords Appellant. El 20 de diciembre de 1387 ambos bandos se encontraron en el puente Radcot, donde Vere y sus fuerzas fueron derrotados y este se vio obligado a huir del país.45​

Ante la derrota de sus partidarios, Ricardo se vio obligado a ceder ante las demandas de los Lords Appellant: Brembre y Tresilian fueron condenados y ejecutados mientras que Vere y De la Pole —quien también huyó del país44​— fueron condenados a muerte en ausencia por el Parlamento en febrero de 1388 y Neville, al pertenecer al clero, fue privado de sus facultades también en ausencia.46​ Además se ejecutaron una gran cantidad de caballeros de la corte de Ricardo, entre ellos Simon de Burley.47​ De esta forma, los apelantes lograron asestar un gran golpe a Ricardo al deshacerse de su círculo cercano de favoritos y partidarios.3​

Una frágil paz®

Matrimonio entre Isabel y Ricardo II. En las Crónicas de Froissart, c. 1475
En los meses siguientes a la rebelión, Ricardo logra restablecer poco a poco su autoridad real. La política externa de los Lords Appellant resultaron en un fracaso al no lograr construir una amplia coalición antifrancesa e incluso el norte del reino sufrió una incursión escocesa que resultó con la derrota inglesa en la batalla de Otterburn en agosto de 1388.48​ Para entonces Ricardo, quien contaba con más de 20 años, tenía pleno derecho para gobernar en su propio nombre.49​ Por otra parte, Juan de Gante volvió a Inglaterra en 1389, sin embargo su influencia en el gobierno fue moderada.50​

Ricardo asumió el control total del gobierno el 3 de mayo 1389, alegando que los problemas pasados eran resultado a los malos consejeros que había tenido. Esbozó una política exterior que contradijo las acciones de los Lords Appellant centrándose en la búsqueda de la paz y la reconciliación con Francia, además de comprometerse a disminuir la carga de los impuestos sobre el pueblo de manera significativa.49​ Los siguiente ocho años de su reinado y tras haberse reconciliado con sus antiguos adversarios, Ricardo gobernó pacíficamente Inglaterra.3​ Sin embargo, como probaría la historia, las rencillas y humillaciones pasadas no se olvidaron jamás,51​ en especial la ejecución de su antiguo mentor, Sir Simon de Burley.52​

Con la estabilidad nacional asegurada, Ricardo dedicó sus esfuerzos en establecer una paz duradera con Francia. En 1393, una propuesta que habría aumentado considerablemente el territorio de Aquitania, entonces posesión inglesa, fracasó al incluir el vasallaje del rey inglés al rey de Francia, una condición que resultaría inaceptable para el pueblo.53​ Sin embargo, logró establecer en 1396 una tregua de 28 años.54​ Como parte de esta, Ricardo contraería matrimonio con Isabel, hija del rey Carlos VI de Francia cuando cumpliera la mayoría de edad. Hubo dudas acerca del compromiso, ya que debido a la corta edad de Isabel, de solo seis años, imposibilitaba el nacimiento de un heredero al trono inglés por algunos años.g​

A diferencia de su política con Francia, su postura respecto a Irlanda fue diferente. Los señores feudales ingleses en Irlanda corrían el riesgo de ser invadidos y solicitaron una rápida intervención del monarca inglés.56​ En otoño de 1394 Ricardo se dirigió a Irlanda donde permaneció hasta mayo del año siguiente. Su ejército de ocho mil hombres fue el más grande ejército que estuvo en la isla británica durante la Baja Edad Media.57​ La invasión fue un rotundo éxito logrando someter a su autoridad a los señores irlandeses.58​ Esta victoria militar representó uno de los mayores logros de su reinado reforzando el apoyo a su causa, sin embargo el dominio inglés en Irlanda fue de corta duración.3​

Crisis de 1397-1399®
El período conocido por los historiados como la tiranía de Ricardo empezó a finales de la década de 1390.59​ Para julio de 1397 el rey tenía bajo arresto a Gloucester, Arundel y Warwick, sus antiguos detractores. El motivo de estas detenciones no están del todos claros, ya que aunque las crónicas sugieren un complot en su contra no hay evidencias de que este fuese el caso,60​ siendo más probable que Ricardo se sintiera con el suficiente poder para tomar represalias y eliminarlos por su participación en los eventos de 1386-1388.61​ Richard Fitzalan, conde de Arundel fue el primero en ser llevado a juicio en 1397 siendo posteriormente condenado y ejecutado.62​ Tomás de Woodstock, duque de Gloucester fue encarcelado por el conde de Nottingham en Calais donde permaneció a la espera de su juicio. A medida que el juicio se acercaba, Nottingham llevó la noticia de la muerte de Gloucester. Se cree que probablemente el rey ordenó matarlo para evitar la vergüenza de la ejecución de un príncipe de sangre real.63​ Thomas de Beauchamp, conde de Warwick fue condenado a muerte pero se le cambió la pena a cadena perpetua mientras que Thomas Arundel, arzobispo de Caterbury y hermano de Richard Fitzalan fue desterrado de por vida.64​ Tras la caída de sus antiguos opositores, Ricardo persiguió a sus aliados y procesó a varios hombres por haber sido leales a los Lords Appellant. Les impuso grandes multas que trajo ingresos a la Corona aunque la legalidad de estos impuestos fue cuestionada por cronistas contemporáneos.3​


Juan de Gante, centro de la política inglesa durante más de 30 años. Su muerte en 1399 provocó un clima de inseguridad en el país.
Estas acciones fueron en parte posible gracias a la complicidad de Juan de Gante además de otros nobles que llegaron a sobresalir gracias a esto, los cuales fueron llamados despectivamente dukketti.65​ John Holland y Thomas Holland fueron promovidos de condes de Huntingdon y Kent a duques de Exeter y Surrey respectivamente. Entre otros de sus partidarios pueden mencionarse Juan Beaufort, conde de Somerset, Eduardo de Norwich, duque de York, John Montacute, conde de Salisbury y Thomas le Despenser, conde de Gloucester.h​ Con sus antiguos enemigos fuera del terreno político, Ricardo recompensó con nuevos feudos a sus nuevos partidarios.67​

Sin embargo, Ricardo veía a los Lancaster como amenazas potenciales a su poder. Los Lancaster, representados por su tío Juan de Gante y el hijo de este, Enrique Bolingbroke, conde de Derby no solo eran una de las familias más poderosas de Inglaterra sino que dado su origen real podían disputarle el trono en caso de no tener descendencia.68​ La discordia se desató en el círculo real cuando en 1397, Bolingbroke y Thomas de Mowbray se opusieron uno al otro.67​ Según Bolingbroke, Mowbray había afirmado que ambos, como antiguos Lords Appellant eran los siguiente en la línea de la venganza real. Mowbray negó estas afirmaciones, ya que de ser ciertas era equivalentes a traición.65​

El parlamento decidió que la disputa se resolvería mediante un duelo, pero en el último momento Ricardo cambió la pena al exiliar a ambos: Mowbray de por vida y Bolingbroke por diez años.69​ El 3 de febrero 1399, Juan de Gante murió y Ricardo aprovechando el momento extendió la pena a Bolingbroke al exilio perpetuo, además de desheredarlo.70​ Con Bolingbroke en París, Ricardo se sentía seguro ya que los franceses tenían poco interés en desafiar a Ricardo y poner en peligro la paz entre ambos reinos.71​ Pronto Ricardo abandonó Inglaterra rumbo a Irlanda comandando una nueva expedición.72​

Derrocamiento y muerte®

Ricardo II siendo detenido por el conde de Northumberland. Miniatura en las Crónicas de Froissart
En junio de 1399 Luis, duque de Orleans ganó poder en la corte de su hermano Carlos VI de Francia. La política de acercamiento entre Francia e Inglaterra no se ajustaban a las ambiciones políticas de Luis, por lo que le resultó oportuno permitir a Enrique Bolingbroke salir de Francia con dirección a Inglaterra.73​ A finales de junio de 1399, Bolingbroke desembarcó en Ravenspurn, en Yorkshire.74​ Reunido con Henry Percy, conde de Northumberland, lo convenció que su único fin era recuperar su patrimonio perdido obteniendo el apoyo del conde.75​ El rey se había hecho acompañar por sus caballeros y los miembros de la nobleza leales a él en su expedición a Irlanda, por lo que Enrique encontró poco resistencia en su avance al sur. Edmundo de Langley, duque de York, quien actuaba como protector del reino no tuvo otra opción que ponerse de lado de Enrique.76​ Ricardo se retrasó en su regreso de Irlanda y no llegó a Gales hasta el 24 de julio.74​ Ya en Gales, se reunió el 12 de agosto con el conde de Northumberland en el castillo de Conwy para iniciar las negociaciones.77​ El 19 de agosto Ricardo entregó a Enrique el castillo de Flint, prometiendo abdicar si se le perdonaba la vida.78​ Ambos regresaron a Londres, donde Ricardo a su llegada fue encarcelado en la Torre de Londres el 1 de septiembre.79​

A pesar de que Enrique estaba determinado a tomar el trono, encontrar una justificación a dicha acción resultó ser un problema.3​ Para legitimar su ascenso al trono se argumentó que Ricardo a través de su tiranía y mal gobierno se había hecho indigno de ser rey.80​ Sin embargo, Enrique no era el siguiente en la línea de sucesión: el heredero presunto era Edmundo Mortimer, conde de la Marca, quien descendía del segundo hijo de Eduardo III, Leonel de Amberes, duque de Clarence mientras que Juan de Gante, padre de Enrique, era el tercer hijo de Eduardo III.81​ Este problema se solucionó alegando que mientras Enrique era descendiente por línea directa masculina, Edmundo lo era a través de su abuela.i​ La versión oficial de los hechos indica que Ricardo abdicó voluntariamente en favor de Enrique el 29 de septiembre.83​ A pesar que esto probablemente no fue el caso, el Parlamento se reunió al día siguiente y acepto la abdicación de Ricardo y Enrique fue coronado como Enrique IV el 13 de octubre.84​

Lo que pasó con Ricardo tras su derrocamiento no es del todo claro, siendo trasladado de la Torre de Londres al castillo de Pontefrac poco antes de culminar el año.85​ A pesar de que el nuevo soberano no tuvo inconveniente alguno en dejarlo vivo, esta situación cambió cuando se enteró que los condes de Huntingdon, Kent, Somerset y Rutland, además de Thomas Despenser —todos despojados de sus privilegios tras la caída de Ricardo— planeaban asesinarlo para restaurar a Ricardo en el trono.86​ Aunque evitado este suceso, Enrique se dio cuenta del peligro que significaba que Ricardo siguiera con vida. Se cree que este fue dejado morir de hambre en o alrededor del 14 de febrero de 1400, aunque quedan dudas acerca de la forma y la fecha en que murió.3​ Su cuerpo fue llevado al sur de Pontefract y exhibido en la antigua Catedral de San Pablo el 17 de febrero antes de su entierro en la parroquia de Kings Langley el 6 de marzo.

Aunque existieron rumores de la supuesta supervivencia de Ricardo, estos jamás tuvieron eco en Inglaterra.87​ Sin embargo en Escocia un hombre identificado como Ricardo llegó a manos del regente duque de Albany y presentado en el castillo de Stirling como el difunto monarca sirviendo para mantener las disputas dinásticas de varios anti-Lancaster y las intrigas lolardas en Inglaterra. El gobierno de Enrique IV lo tachó de impostor y varias fuentes de ambos lados de la frontera sugieren que el hombre sufría de una enfermedad mental, describiéndose como un "mendigo" al momento de su muerte en 1419, sin embargo fue enterrado como un rey en el convento dominicano local en Stirling. Mientras tanto, en 1413, Enrique V —en un intentó de expiar el supuesto asesinato de Ricardo por su padre y silenciar los rumores de la supervivencia del mismo— decidió trasladar el cuerpo del difunto rey en Langley a su actual reposo, en la abadía de Westminster. Aquí mismo Ricardo había preparado una tumba elaborada, donde habían sido sepultados los restos de su esposa Ana.88​

La corte de Ricardo®
Díptico de Wilton

Ricardo adorando a la Virgen y el Niño, acompañado por sus santos patronos: Edmundo Mártir, Eduardo el Confesor y Juan el Bautista

A la izquierda, las armas atribuidas de Eduardo el Confesor empaladas con las del rey y a la derecha el White Hart, el emblema personal de Ricardo
En los últimos años del reinado de Ricardo, y particularmente en los meses posteriores a la supresión de los Lords Appellant en 1397, el rey disfrutó de un virtual monopolio de poder en el país, una situación inusual en la Inglaterra medieval.89​ Es en este período en particular, la cultura en la corte del rey emergió, la cual se diferenció notablemente de la de las épocas anteriores. Una nueva forma de tratamiento se desarrolló: hasta entonces el rey era llamado a menudo simplemente como "alteza", pero a partir de entonces esto cambió a ser tratado como "majestad real", o "alta majestad". Se decía que en las fiestas solemnes Ricardo se sentaba en su trono en el salón real durante horas sin hablar y cualquiera a quien mirara tenía que inclinarse ante él.90​ La inspiración para esta nueva suntuosidad y el énfasis en dignidad vino de las cortes en el continente europeo, no sólo de las francesas y checas de donde habían provenido las dos esposas de Ricardo, sino también de la corte que su padre había mantenido durante su residencia en Aquitania.91​

El enfoque que Ricardo tenía acerca de la realeza estaba arraigada en su fuerte creencia en la prerrogativa real, cuya inspiración se puede encontrar en su juventud, cuando su autoridad fue desafiada por primera vez por las revuelta campesina y posteriormente por los Lords Appellant.92​ Ricardo rechazó el enfoque que tuvo su abuelo Eduardo III respecto a la nobleza y cuya corte fue un consejo de guerra basado en la interdependencia del rey con sus nobles de más confianza como capitanes.93​ Desde el punto de vista de Ricardo, esta situación había puesto en manos de la nobleza gran cantidad de poder. Para evitar depender militarmente de esta, siguió una política de paz con Francia.94​ Al mismo tiempo, desarrolló su propio séquito militar personal, más grande que la que cualquier rey inglés había tenido a su disposición hasta entonces, quienes llevaron insignias con el White Hart (en español: ciervo blanco), el cual fue su emblema personal.95​ De esta forma, Ricardo fue entonces libre para desarrollar un ambiente cortesano en el rey era una figura venerada distante mientras que el arte y la cultura, en lugar de la guerra, fueron en el centro.96​97​

Mecenazgo y artes®
Como parte de su campaña para ensalzar su autoridad y a diferencia de sus predecesores, Ricardo cultivó la imagen real haciéndose retratar98​ conservándose solos dos pinturas: un retrato tamaño natural que se conserva en la abadía de Westminster (c. 1390) y el díptico de Wilton (1394-1399), un retrato portátil del cual se presume estaba destinado a acompañarlo en su campaña a Irlanda.99​100​ Estos son uno de los pocos ejemplos ingleses supervivientes de la pintura gótica internacional, estilo desarrollado en las cortes del continente, especialemte París y Praga.101​ Los gastos de Ricardo en joyería, tejidos y orfebrería fueron más elevados que en las pinturas pero como lo que sucedió con sus manuscritos iluminados, apenas existen obras supervivientes que se puedan relacionar con él, a excepción de una corona, uno de los mejores logros de la orfebrería gótica y que probablemente perteneció a su esposa Ana.102​j​


El salón de Westminster, en el s. XIX
Entre los mayores proyectos arquitectónicos de Ricardo destaca el Salón Westminster, el cual fue reconstruido durante su reinado,104​ posiblemente impulsado tras la culminación de la magnífica sala en el castillo de Kenilworth por Juan de Gante en 1391. Quince estatuas de tamaño natural de los monarcas ingleses fueron colocadas en nichos en las paredes y un techo artesonado diseñado por Hugh Herland, la más grande creación de la arquitectura medieval realizada en madera, permitió a las tres naves románicass originales ser reemplazados por un solo enorme espacio abierto, con un estrado al final donde Ricardo se asentaba aisladamente.k​ La reconstrucción del salón Westminster había sido iniciada en 1245 por Enrique III, no fue hasta la época de Ricardo cuando se reinició tras haber estado inconclusa durante más de un siglo.106​

Respecto a la literatura, fue importante el mecenazgo de su corte consolidando el inglés como un idioma literario.3​ Aunque existe poca evidencia para atribuirle a Ricardo un apoyo especial a la poesía, fue en su corte que esta llegó a progresar.107​ Incluso Geoffrey Chaucer, el mayor poeta inglés de la época, le sirvió al rey como diplomático, funcionario de aduanas y maestro de obras del rey mientras escribía sus trabajos más conocidos.108​109​ Chaucer anteriormente había trabajo bajo las órdenes de Juan de Gante y escribió The Book of the Duchess como un elogio a Blanca de Lancaster, primera esposa de Gante.110​ Además John Gower, colega y amigo de Chauser escribió Confessio Amantis como parte de un encargo directo de Ricardo, sin embargo posteriormente Gower quedaría desencantado con el monarca.111​

Semblante y valoración®
Los escritores contemporáneos, incluso los que menos simpatizaban con el rey, coinciden en que Ricardo fue el más bello rey, aunque su rostro era blanco, redondeado y femenino, dando a entender que le faltaba masculinidad.112​ Además era atlético y alto, ya que al abrirse su tumba en 1871 se comprobó que medía seis pies de altura.113​ También era inteligente y culto, sin embargo tendía a tartamudear cuando estaba agitado.114​ Aunque el retrato conservado en la abadía de Westminster es probablemente fiel al monarca, no pasa lo mismo con el Díptico Wilton, el cual retrata al rey significativamente más joven de lo que era en el momento, cuando posiblemente ya tenía barba.115​ En el aspecto religioso, Ricardo era ortodoxo y hacia el final de su reinado se convirtió en un fuerte opositor de la herejía lolarda.116​ Además era particularmente devoto del rey Eduardo el Confesor y alrededor de 1395 empaló sus armas con las armas atribuidas de este.3​ Aunque no era un rey guerrero como lo fue su abuelo, Ricardo disfrutaba de torneos, así como la caza.117​


Retrato anónimo de Ricardo II, s. XVI
La opinión popular que se tiene de Ricardo está sobre todo influenciada por la obra de William Shakespeare sobre el rey, Ricardo II. El Ricardo de Shakespeare era un rey cruel, vengativo e irresponsable que solo alcanzó una apariencia de grandeza después de su caída.118​ Sin embargo Shakespeare al escribir esta obra de ficción tomó muchas libertades e hizo grandes omisiones, basando su obra principalmente en obras de otros escritores, tales como Edward Hall y Samuel Daniel, quienes a su vez basaron sus escritos en cronistas contemporáneos como Thomas Walsingham.119​ Hall y Daniel formaron parte de la historiografía Tudor, la cual era antipática a Ricardo.120​ La ortodoxia Tudor, reforzada por Shakespeare, veía en el mal gobierno de Ricardo el origen de la guerra de las Dos Rosas con la consiguiente crisis civil que representó, la cual no terminó hasta 1485 con la subida al trono del primer Tudor, Enrique VII.121​ Esta idea fue aceptada hasta fechas tan tardías como el s. XIX, llegando solo a ser cuestionada a partir del s. XX.122​ En épocas recientes los historiadores prefieren estudiar la Guerra de las Rosas y el reinado de Ricardo II como dos hechos aislados.123​

El estado mental de Ricardo ha sido un punto importante de debate histórico desde que los primeros historiadores académicos empezaron a tratar el tema en el s. XIX. Uno de los primeros historiadores modernos en separar al rey de la persona fue William Stubbs, obispo de Oxford. Stubbs argumentó que hacia el final de su reinado, la mente de Ricardo estaba perdiendo su equilibrio por completo.124​ El historiador Anthony Steel, quien escribió una biografía detallada del rey en 1941, adoptó un enfoque psiquiátrico del asunto y concluyó que el rey sufría de esquizofrenia.125​ Esto fue cuestionado por V. H. Galbraith, quien argumentó que no había ninguna base histórica para tal diagnóstico,126​ punto de vista compartido por los historiadores posteriores de la época, como Anthony Goodman y Anthony Meta.3​ Nigel Saul, quien escribió una de la más recientes biografías académicas sobre Ricardo II, reconoce que pese a no existir ninguna base para suponer que el rey sufría de alguna mental, este mostró claros signos de una personalidad narcisista, y hacia al final de su reinado la comprensión de Ricardo se estaba volviendo más débil.127​

Una de las principales cuestiones historiográficas concierne a su proceder político y las razones de su fracaso. Se pensaba que su reinado contenía elementos de la primitiva monarquía absoluta moderna como lo llegó a tener la casa de Tudor.128​ Más recientemente, el concepto que Ricardo tuvo de la realeza ha sido visto por algunos como no tan diferente de la de sus antecedentes y que estaba perfectamente contenida dentro de la monarquía tradicional.3​129​ Sin embargo, sus acciones eran demasiado extremas y los cambios demasiados abruptos. Por un lado, la ausencia de guerra estaba destinada a reducir la carga de los impuestos y de esta forma ayudar a la popularidad de Ricardo con la Cámara de los Comunes. Sin embargo, esta promesa nunca se cumplió, ya que el costo de la comitiva real, la opulencia de la corte y el lujoso patrocinio de Ricardo de sus favoritos resultó tan caro como la guerra lo hubiera sido, sin ofrecer beneficios proporcionales.94​ En cuanto a su política de contención militar, esta más tarde fue emulada por Eduardo IV y Enrique VII, pero la dependencia exclusiva de Ricardo con el condado de Cheshire disminuyó el apoyo del resto del país.130​131​ Como el historiador Simon Walker concluye: Lo que él buscaba no era, en términos contemporáneos, ni injustificada ni inalcanzable, pero fue la manera en la que lo buscó lo que lo traicionó.

Eduardo de Woodstock ★ |•••► #REINO UNIDO #Genealogia #Genealogy

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Eduardo de Woodstock KG (Woodstock, 15 de junio de 1330 - Londres, 8 de junio de 1376), llamado el Príncipe Negro fue el primogénito del rey Eduardo III de Inglaterra y su esposa, la condesa Felipa de Henao y el padre del rey Ricardo II de Inglaterra. Fue el primer duque de Cornualles (desde 1337), príncipe de Gales (desde 1343) y príncipe de Aquitania (entre 1362 y 1372) siendo presunto heredero a la Corona desde su nacimiento.

Llamado por sus contemporáneos simplemente como Eduardo de Woodstock, debido al lugar de nacimiento, no fue llamado el Príncipe Negro hasta el siglo XVI, haciendo referencia a la supuesta armadura que portaba. Era un líder militar excepcional, y sus victorias sobre los franceses en las batallas de Crécy y Poitiers lo hicieron muy popular en vida. En 1348 se convirtió en el primer caballero de la Orden de la Jarretera, siendo uno de sus fundadores.

El príncipe Eduardo murió un año antes de su padre, convirtiéndose en el primer príncipe de Gales que no se convirtió en rey de Inglaterra. A la muerte de su padre Eduardo III, el trono pasó a su hijo Ricardo, que en ese entonces aún era menor de edad.

Richard Barber considera que Eduardo "ha atraído relativamente poca atención de los historiadores serios, pero figura ampliamente en la historia popular."2​


Biografía®

Letra historiada de un manuscrito del s. XIV. En él se muestra a Eduardo, príncipe de Gales recibiendo Aquitania de su padre, Eduardo III de Inglaterra.
Eduardo nació el 15 de junio de 1330 en el palacio de Woodstock, en Oxfordshire siendo el primogénito del rey Eduardo III de Inglaterra y su esposa Felipa de Henao. Fue nombrado conde de Chester el 18 de mayo de 1333, duque de Cornualles el 17 de marzo de 1337 (siendo el primero que llevó dicho título) y finalmente investido como príncipe de Gales el 12 de mayo de 1343 cuando tenía 12 años de edad.3​ En Inglaterra, Eduardo sirvió como regente simbólico durante ciertos períodos de los años 1339, 1340 y 1342, mientras que su padre Eduardo III se encontraba en campañas militares. Durante este tiempo asistió a todas las reuniones del consejo y realizó las negociaciones con el papado respecto a la guerra en 1337. Además desempeñó el cargo de Gran sheriff de Cornualles en 1340-1341, 1343, 1358 y 1360-1374.4​

Eduardo se había criado con su prima Juana, "la bella doncella de Kent."5​ Eduardo obtuvo permiso para el matrimonio del papa Inocencio VI y dispensa por casarse con una pariente de sangre, como había ocurrido con sus padres, Eduardo III y Felipa de Henao, que eran primos segundos. Se casó con Juana el 10 de octubre de 1361 en el castillo de Windsor. El matrimonio causó algo de controversia, principalmente debido a la enrevesada historia marital de Juanaa​ y al hecho de que el matrimonio con una inglesa desperdiciaba una oportunidad de formar una alianza con una potencia extranjera.

Cuando estaba en Inglaterra, Eduardo residía normalmente en el castillo de Wallingford en Berkshire (desde 1974 en Oxfordshire) o en el castillo de Berkhamsted en Hertfordshire.

Nombrado por su padre príncipe de Aquitania, se desempeñó como representante del rey inglés en ese territorio, donde Eduardo junto a Juana mantuvieron una corte. Además fue el lugar de asilo de reyes exiliados como Jaime IV de Mallorca y Pedro I de Castilla.

Este último, derrocado por su medio hermano, Enrique de Trastámara, ofreció a Eduardo el señorío de Vizcaya en 1367 a cambio de su ayuda para recuperar su trono. Eduardo salió victorioso en la batalla de Nájera (3 de abril de 1367), en la que derrotó a los ejércitos combinados de Francia y Castilla, comandados por Bertrand du Guesclin. Sin embargo Pedro no pagó por completo y se negó a ceder Vizcaya, alegando la falta de consentimiento de sus estados. Eduardo se retiró a Guyena en julio del mismo año.6​

Regresó a Inglaterra en enero de 1371 y murió el 8 de junio de 1376 (una semana antes de su 46° cumpleaños) después de padecer durante años lo que probablemente fue una disenteria amebiana, contraída diez años antes durante su campaña militar en Castilla.7​

Eduardo y la caballería®
Eduardo vivió en un siglo de decadencia para el ideal de la caballería.8​ Por un lado, después de capturar a Juan el Bueno, rey de Francia, y Felipe el Atrevido, su hijo menor, en la batalla de Poitiers, los trató con gran respeto, dando incluso en un momento dado permiso a Juan para regresar a su hogar, y se narra que rezó con Juan en la catedral de Canterbury. Destacadamente, permitió que durante un día se preparara la batalla de Poitiers, de manera que ambos bandos pudieran discutir la batalla entre sí, de manera que el cardenal de Périgord pudiera apelar a ambos para mantener la paz. Sin embargo, algunos señalan que "él podía haber estado ganando tiempo para terminar de colocar a sus arqueros".9​

Por otro lado, sus tendencias caballerescas eran superadas en ocasiones por su eficacia y rapidez. El repetido uso por parte de Eduardo de Woodstock de la estrategia de cabalgadas, quemando y saqueando las ciudades y las granjas, no coincidía con las nociones contemporáneas de caballería, pero era bastante efectiva para conseguir el objetivo de sus campañas y debilitando la unidad y economía de Francia.8​

Desempeño militar®
Fue un brillante caudillo militar. Intervino en la campaña de Flandes de 1345 en el frente septentrional, que tuvo escasa relevancia y acabó después de tres semanas cuando uno de los aliados de Eduardo, Jacob van Artevelde, anterior cervecero y eventual gobernador de Flandes, fue asesinado por sus propios ciudadanos.

Mostró su bravura a los 16 años en la Batalla de Crécy, en el frente septentrional, que dañó al ejército francés durante diez años, permitiendo el asedio de Calais con poca resistencia convencional antes de que estallara la plaga. Incluso cuando el ejército de Francia se recuperó, las fuerzas que desplegaron eran alrededor de la cuarta parte de la que tuvieron en Crécy (como se vio en Poitiers). Normandía pasó a estar virtualmente bajo control inglés, pero se decidió centrar los esfuerzos en el norte de Francia, dejando en lugar de ello Normandía bajo control de aliados vasallos de Inglaterra.

Además participó de forma arriesgada y decidida contra los franceses durante la Guerra de los Cien Años.


El Príncipe Negro según un dibujo de un manuscrito ilustrado.
Intervino en el sitio de Calais, durante el cual los habitantes sufrieron enormemente y se vieron reducidos a comer perros y ratas.10​ El asedio dio lugar al control personal y vasallático de los ingleses sobre el norte de Francia antes de la paz temporal debida a la peste negra. Hubo una contraofensiva francesa, pero Calais permaneció en manos inglesas.

También estuvo en "Les Espagnols sur Mer" o la batalla de Winchelsea en aguas del canal de La Mancha donde la flota inglesa derrotó a la flota castellana.

Realizó una gran razzia en el año 1355 por toda la región de Aquitania-Languedoc, que dañó el sur de Francia económicamente, y provocó el resentimiendo hacia el trono francés entre los campesinos franceses. Esta cabalgada también estableció una preparó la zona para la conquista, abrió alianzas con los vecinos de Aquitania, siendo la más destacada la de Carlos II de Navarra, e hizo que muchas regiones se orientaran hacia la autonomía respecto a Francia, pues no era un país tan unido como Inglaterra. Después de este pacto con el rey Carlos de Navarra, combatió contra los ejércitos de Juan II de Francia.

Las campañas por Aquitania le dieron un control más firme sobre la región, mucha tierra de la que obtener recursos y personas con las que poder luchar por el rey Eduardo.

En el año 1356, participando en las operaciones de la guerra contra Francia, Eduardo comandó un ejército de más de 7.000 soldados. Dirigió a sus fuerzas en la lucha, logrando una grandiosa victoria sobre la caballería pesada francesa en la Batalla de Poitiers. En esa decisiva acción apresa al rey Juan II de Francia, al que lleva como rehén a Inglaterra. Esta campaña de Poitiers en la región del Loira-Aquitania provocó que no hubiera ningún líder militar francés, supuso un desafío para Carlos el Sabio, y más aristócratas murieron en Crécy y Poitiers que por la Peste Negra. El ejército francés resultó perjudicado para los siguientes trece años, fomentó la anarquía y el caos que llevó en último término a la firma del Tratado de Brétigny en 1360.

Intervino en la campaña de Reims, después de la cual se alcanzó finalmente el acuerdo con el tratado de Brétigny. Por medio de este acuerdo diplomático, el rey de Francia recupera su libertad cediendo valiosos territorios a los británicos quienes no obstante reciben alrededor de un tercio de Francia más que un poco menos de la mitad que es lo que habrían recibido por el tratado de Londres. Esto se debe al fracaso a la hora de tomar Reims, lo que llevó a la necesidad de un salvoconducto para salir de Francia. Como resultado de ello, se llevó a un acuerdo menor y Eduardo III se vio obligado a dejar a un lado sus pretensiones al trono francés. Francia aún se vio obligada a pagar un enorme rescate de alrededor de cuatro veces el producto interior bruto de Francia por Juan II de Francia. El rescate que se pagó, no obstante, fue un poco inferior al exigido por los ingleses, y Juan el Bueno no fue devuelto a los franceses. Así, esta campaña dio lugar resultados ambivalentes, pero en su mayor parte fue positiva para Eduardo. Uno ha de recordar que Eduardo III nunca renunció explícitamente a su pretensión al trono, y que alrededor de la mitad de Francia estaba controlada por los ingleses, de todas formas, a través de sus muchos vasallos. En aquella ocasión su padre el rey Eduardo III lo nombró duque y lugarteniente de Guyena y Aquitania.

Posteriormente traslada su residencia a Castilla, se vincula políticamente con el rey Pedro I y juntos luchan contra Enrique de Trastámara, aliado de Carlos V de Francia. En dicha guerra sus fuerzas vencen en la batalla de Nájera en 1367. Salvó temporalmente a Pedro el Cruel de un golpe, confirmando así la dedicación castellana a la causa del Príncipe. Luego Pedro I entró en constantes desavenencias y toda una serie de acciones en contra del Príncipe Negro, a causa de no pagarle lo acordado por prestarle ayuda armada, por lo que éste decide abandonar Castilla, dejando solo a Pedro I en la lucha.

Como resultado del asesinato de Pedro, el dinero que el príncipe invirtió en el esfuerzo de guerra no le rindió beneficio y Eduardo quedó en la práctica en bancarrota. Esto obligó a gravar Aquitania con fuertes impuestos para aliviar los problemas financieros de Eduardo, lo que llevó a un círculo vicioso de resentimiento en Aquitania y la represión de este resentimiento por Eduardo. Carlos el Sabio, rey de Francia, supo aprovecharse de este resentimiento contra Eduardo en Aquitania. Sin embargo, el príncipe se convirtió temporalmente en Señor de Vizcaya.

El sitio de Limoges en 1370 en la región aquitana, después de lo cual Eduardo de Woodstock se vio obligado a dejar su puesto debido a su enfermedad y problemas financieros, pero también debido a la crueldad del asedio, que vio la masacre de alrededor de tres mil residentes de acuerdo con el cronista Froissart. Sin el príncipe, el esfuerzo de guerra inglés contra Carlos el Sabio y Bertrand Du Guesclin estaba destinado al fracaso. El hermano del príncipe, Juan de Gante no estaba interesado en la guerra con Francia, sino más bien en la guerra de sucesión en Castilla. Nuevos datos ponen en evidencia que el relato de las atrocidades inglesas fue exagerado por Froissart.11​ Pero esta pretensión no encaja con el servicio de Froissart a Felipa de  Henao, reina consorte de Eduardo III.

El rey Eduardo III y el príncipe navegaron rumbo a Francia desde Sandwich con cuatrocientos barcos que llevaban cuatro mil hombres de armas y diez mil arqueros, pero después de seis semanas de mal tiempo, perdieron el rumbo y volvieron a Inglaterra.

Enfermedad®

Logros heráldicos originales del Príncipe Negro expuestos en la catedral de Canterbury.
Eduardo de Woodstock parecía tener buena salud hasta 1366. No enfermó hasta su campaña en España para restaurar a Pedro I en el trono de Castilla.12​ En esta expedición, su ejército sufrió tanto de disentería que se dice que uno de cada cinco ingleses no regresó a su país.12​13​ Eduardo, el Príncipe Negro, contrajo una enfermedad en esta expedición que lo afectaría el resto de su vida, hasta su muerte en 1376. Está generalmente admitido que contrajo disentería amébica pero algunos se manifiestan en contra de esta creencia por consideraar que no podría haber seguido viviendo diez años luchando contra la disentería.13​ Otros diagnósticos posibles son edema, nefritis, cirrosis o una combinación de estas enfermedades.12​13​ Su enfermedad le impidió continuar en el campo de batalla. No obstante, en 1370, el príncipe tuvo que dejar su lecho de enfermo y organizar un ejército para defender Aquitania contra Carlos V de Francia.12​

En 1371, la salud de Eduardo declinó hasta el punto de que sus médicos le aconsejaron abandonar Burdeos y regresar a Inglaterra. Después de hacer mucha dieta y descanso en Inglaterra, el príncipe tuvo cierta mejoría. En 1372, navegó con el rey Eduardo III pero fracasó a la hora de alcanzar la costa francesa debido a los vientos contrarios.12​ Después de esta expedición fracasada, la salud del príncipe declinó drásticamente. A menudo se desmayaba de pura debilidad. Así siguió hasta su muerte en 1376, a la edad de 45 años.12​

Muerte y enterramiento®

Efigie en su tumba.

Tumba
Eduardo falleció en el palacio de Westminster el 8 de junio de 1376, a los 45 años de edad. Pidió ser enterrado en la cripta de la catedral de Canterbury, más que cerca del santuario , y se preparó una capilla allí como una capilla para él y su esposa Juana, condesa de Kent. Actualmente es la capilla protestante francesa, y contiene en la bóveda representaciones de su rostro y de los escudos de los dos. Sin embargo, esto fue ignorado después de su muerte y fue enterrado en la parte sur del santuario de Tomás Becket detrás del coro. Su tumba está formada por una efigie de bronce bajo un baldaquín representando la Santísima Trinidad, con sus "logros" heráldicos14​ colgando sobre el baldaquino. Los logros han sido reemplazados hoy por réplicas, aunque los originales aún se pueden ver cerca. El baldaquín fue restaurado en 2006.

Como eres tu, a veces lo fui yo.

Como yo soy, tú serás.
Pensé poco en nuestra muerte
Mientras podía respirar.
En la tierra tuve grandes riquezas
Tierra, casas, un gran tesoro, caballos, dinero y oro.
Pero ahora soy un triste prisionero,
En lo más profundo de la tierra, ahí yago.
Mi gran belleza, toda ha desaparecido,
Mi carne desaparecida hasta el hueso.


-Epitafio inscrito alrededor de su efigie15​
Matrimonio e hijos®

Anillo con el sello del Príncipe Negro en el Louvre
Eduardo tuvo hijos naturales, nacidos todos antes de su matrimonio.

De Edith de Willesford (fallecida después de 1385):

Sir Roger Clarendon (1345/60 - ejecutado en 1402); se casó con Margarita (fallecida en 1382), hija de Juan Fleming, barón de la Roche.16​
De madres desconocidas:

Eduardo (nacido h. 1349 - murió joven)
Sir Juan Sounder17​
Sir Carlos FitzEdward (nacido h. 1352-)
El 10 de octubre de 1361, en la localidad de Windsor, se casó con su prima Juana de Kent (1328-1385), nieta de Eduardo I. Era hija y heredera de Edmundo de Woodstock, conde de Kent, el hijo menor del rey Eduardo I y su segunda esposa, Margarita de Francia. Este matrimonio fue por auténtico amor, habiéndose realizado sin el consentimiento del rey Eduardo III —por el escándalo ocasionado por la bigamia de la condesa de Kent—, teniendo los novios que permanecer en Francia hasta 1371, cuando pueden volver a Inglaterra, ya con la bendición del soberano.

Del enlace nacieron dos hijos, ambos en Francia, cuando el príncipe y la princesa de Gales habían asumido sus deberes como príncipe y princesa de Aquitania:

Eduardo (Angulema, Francia, 27 de enero de 1365 - Burdeos, Francia, enero de 1372).
Ricardo II (Burdeos, Francia, 6 de enero de 1367 - Pontefract, h. 14 de febrero de 1400), a menudo conocido como "Ricardo de Burdeos" por su lugar de nacimiento.
De este matrimonio con Juana también se convirtió en padrastro de sus hijos, incluyendo a Tomás Holland, II conde de Kent cuya hija, Juana Holland, se casaría con el hermano de Eduardo, Edmundo de Langley. El otro hijastro de Eduardo Juan Holland, I duque de Exeter, se casaría con la sobrina de Eduardo, Isabel de Lancaster, hija de su hermano, Juan de Gante.

Títulos, tratamiento, honores y armas®

El blasón del Príncipe Negro, como heredero al trono inglés.
Armas y emblema heráldico®
Armas: En cuartos, primero y cuarto en azur semée de flores de lis de oro (Antigua Francia); segundo y tercero de gules, tres leones de oro, lampasados (Inglaterra); por encima, una banda de tres puntos de plata. Cresta: Sobre un sombrero de gules con vuelta de armiño, un león alzado con un lambel de tres pendientes de plata. Manto: gules alineados con armiño. Como Príncipe de gales, el blasón de Eduardo era el del reino, diferenciado por un lambel de tres pendientes de plata.18​


El "escudo para la paz" del Príncipe Negro.

Una talla pintada en la principal puerta del Oriel College, Oxford, representado la medalla del Príncipe de Gales.
Eduardo también usó un emblema alternativo de Sable, tres plumas de avestruz en plata, descrito como su "escudo para la paz" (probablemente significaba que era el emblema que usaba en las justas o torneos). Este escudo puede verse varias veces en su tumba, alternando con las armas reales diferenciadas. Su hermano menor, Juan de Gante, usó un escudo similar en el que las plumas de avestruz eran armiño.

El "escudo para la paz" de Eduardo se cree que inspiró el emblema de tres plumas de avestruz usado por posteriores príncipes de Gales.

El nombre "Príncipe Negro"®
Aunque a menudo se alude a Eduardo como el "Príncipe Negro", no hay ningún documento que lo denomine así contemporáneo del príncipe, ni durante más de 150 años después de su muerte. En lugar de ello, era conocido como Eduardo de Woodstock (por su lugar de nacimiento), o por alguno de sus títulos. El apodo de "Príncipe Negro" se encuentra por vez primera por escrito en dos notas manuscritas del anticuario John Leland en los años 1530 o principios de los 1540: en uno, Leland se refiere en inglés al "the blake prince"; en la otra, se refiere en latín a "Edwardi Principis cog: Nigri".19​ La aparición más antigua en letra impresa es en la Chronicle at Large (1569) de Richard Grafton: Grafton lo usa en tres ocasiones, diciendo que "algunos escritores lo llaman el príncipe negro", y (en otro lugar) que él era "habitualmente llamado el Príncipe negro".20​ Lo usa Shakespeare, en sus obras Ricardo II (escrito h. 1595) y Enrique V (h. 1599). Más parte aparece de manera destacada en el título de The History of that Most Victorious Monarch, Edward IIId, King of England and France, and Lord of Ireland, and First Founder of the Most Noble Order of the Garter: Being a Full and Exact Account Of the Life and Death of the said King: Together with That of his Most Renowned Son, Edward, Prince of Wales and of Aquitain, Sirnamed the Black-Prince ("La historia de aquel el más victorioso de los monarcas, Eduardo III, rey de Inglaterra y Francia, y señor de Irlanda, y primer fundador de la más noble orden de la Jarretera: siendo un relato completo y exacto de la vida y la muerte del mencionado rey junto con la de su hijo más famoso, Eduardo, príncipe de Gales y de Aquitania, apodado el Príncipe Negro", 1688), de Joshua Barnes.

Los orígenes del nombre son inseguros, aunque se han propuesto muchas teorías. Son de dos tipos principalmente:

la que lo hace derivar del escudo negro de Eduardo, y/o su armadura negra.
la que lo deriva de la brutal reputación de Eduardo, particularmente hacia los franceses en Aquitania.
El campo negro de su "escudo para la paz" está bien documentado (véase las Armas arriba). Sin embargo, no hay evidencia firme de que Eduardo luciera nunca una armadura negra, aunque John Harvey (sin citar ninguna fuente) se refiere a "una evidencia bastante vaga de que era descrito en francés como vestido en la batalla de Crecy "en armure noire en fer bruni" – en armadura negras de acero bruñido".21​ Richard Barber sugiere que los orígenes del nombre podrían haber estado en la pompa, en que una tradición podría haber crecido en el siglo XV de representar al príncipe con armadura negra. Apunta que varias crónicas se refieren a él como Eduardo el Cuarto (el título que habría tenido de haber sido rey si hubiera sobrevivido a su padre): este nombre obviamente habría sido confuso con el auténtico Eduardo IV ascendió al trono en 1461, y esto podría haber sido el período cuando tenía que encontrarse una alternativa.22​

La brutalidad de Eduardo en Francia está también bien documentada, y David Green cree que aquí están los orígenes del título. El soldado francés Philippe de Mézières se refiere a Eduardo como el mayor de los "jabalíes negros" - aquellos agresores que habían hecho mucho por romper las relaciones dentro de la Cristiandad.23​ Otros escritores franceses hacen asociaciones similares, y Peter Hoskins señala que una tradición oral de L'Homme Noir, que había pasado con un ejército, persistía en el sur de Francia hasta años recientes.24​ En la obra de Shakespeare Enrique V, una referencia por el rey de Francia a "ese nombre negro, Eduardo, el Negro Príncipe de Gales" sugiere que la obra de teatro podría haber interpretado el nombre de esta manera. Aquí permanece, sin embargo, una considerable duda sobre cómo el nombre podría haber pasado de Francia a Inglaterra. En 1642, Thomas Fuller comentó que el Príncipe Negro era "llamado así por sus terribles actos y no por su complexión".25​

Recientemente, sin embargo, su nombre asociado con brutalidad o felonías ha sido puesto en duda por varios historiadores. La mayor mancha en la mala reputación de Eduardo fue el saqueo de Limoges en 1370, que el cronista Jean Froissart describe "Fue un asunto de lo más melancólico - pues todas las clases, edades y sexos se arrodillaron ante el príncipe, rogando clemencia; pero estaba tan inflamado de pasión y venganza que no escuchó a nadie, sino que todos fueron pasados por la espada. Más de tres mil hombres, mujeres y niños fueron muertos ese día.".11​ Sin embargo, un documento más contemporáneo escrito por el propio Eduardo fue descubierto recientemente en un archivo español. La carta fue escrita al conde de Foix y describe que durante la invasión de Limoges el Príncipe Negro tomó "200 caballeros y hombres de armas prisioneros". Una fuente local contemporánea de una abadía en Limoges documentó "300 bajas en total en la ciudad". No hay ninguna mención a la masacre de tres mil personas o más.​ Es muy probable que Froissart en gran medida exageró los acontecimientos que dieron su nombre al Príncipe Negro.

lunes, 5 de junio de 2017

Felipa de Henao ★ |•••► #FRANCIA #Genealogia #Genealogy ♔

 (Valenciennes, 24 de junio de 1314 - castillo de Windsor, 15 de agosto de 1369) fue una noble francesa que llegó a ser reina consorte de Inglaterra por su matrimonio con Eduardo III.

Biografía®
Fue una de los 9 hijos de Guillermo I de Henao, conde de Henao, Holanda y Zelandia, y de Juana de Valois, hermana del rey Felipe VI de Francia. Su hermana mayor, Margarita, se convirtió en emperatriz consorte de Luis IV, y más tarde sucedió al hermano de ambas, Guillermo, en los títulos de la familia. En 1364, el rey Eduardo solicito dichos títulos para su mujer a los hijos de Margarita, pero no consiguió nada.

Se casó en York el 24 de enero de 1328 con el rey Eduardo III de Inglaterra y, a diferencia de muchas de las reinas anteriores, no llevó extranjeros a la corte ni impuso costumbre alguna de su país.

Acompañó a su esposo en sus expediciones a Escocia (1333) y a Flandes (1338-1340), siendo aclamada por su gran generosidad y compasión. Pasó a la historia como aquella reina de corazón noble y cálido que pidió a su esposo de rodillas que perdonara a los burgueses de Calais, a los que el rey pensaba ejecutar para darles un castigo por su rebeldía. Este episodio, como la mayor parte de lo que se sabe de esta reina, se debe al cronista Jean Froissart, que formaba parte de su corte y que describió en términos propios del renacimiento caballeresco de la época, denominada por Johan Huizinga El otoño de la Edad Media.

Tuvo 14 hijos, de los cuales sobrevivió a 13. Tres de ellos perecieron de Peste Negra en 1348.

Eduardo "el Príncipe Negro" (n. palacio de Woodstock, 15.06.1330 - m. Palacio de Westminster, 08.06.1376), nombrado duque de Cornualles (13.03.1337) y príncipe de Gales (1343).
Isabel (n. palacio de Woodstock, 16.06.1332 - m. Londres, 04.05.1379), casada con Enguerrand VII de Coucy, conde de Soissons.
Juana (n. palacio de Woodstock, II.1335 - m. de plaga, Loremo, Bayona, 02.09.1348), fallecida en camino a casarse con el rey Pedro I de Castilla.
Guillermo (n. Hatfield, 16.02.1337 - m. 08.07.1337).
Lionel (n. Amberes, 29.11.1338 - m. Alba, Piamonte, 17.10.1368), nombrado Lord-Teniente de Irlanda (1361-1367), y luego duque de Clarence (14.09.1361).
Juan (n. abadía de St. Bavon, Gante, 24.06.1340 - m. castillo de Leicester, 03.02.1399), nombrado conde de Richmond (20.09.1343).
Edmundo (n. King's Langley, Hertfordshire, 05.06.1341 - m. King's Langley, Hertfordshire, 1.8.1402), nombrado conde de Cambridge (13.11.1361) y duque de York (06.08.1385).
Blanca (n. y m. Torre de Londres, III.1342).
María (n. Waltham, cerca de Winchester, 10.10.1344 - m. 1362), casada con Juan V, duque de Bretaña.
Margarita (n. castillo de Windsor, 20.07.1346 - m. 01.10.1361), casada con Juan Hastings, conde de Pembroke.
Tomás (n. castillo de Windsor, 1347 - m. 1348).
Guillermo (n. castillo de Windsor, 24.06.1348 - m. 05.09.1348).
Juana (n. y m. 1349).
Tomás (n. palacio de Woodstock, 7.1.1355 - m. asesinado, Calais, 08.09.1397), creado conde de Buckingham (1378) y duque de Gloucester (1386).
Murió a los 55 años de edad, el 15 de agosto de 1369, por culpa de un edema o algo similar. Se le dio un funeral de estado seis meses después y fue sepultada en la abadía de Westminster.



Predecesor:
Isabel de Francia Reina Consorte de Inglaterra
1328-1369
Philippa of Hainault Arms.svg Sucesor:
Ana de Bohemia

sábado, 3 de junio de 2017

Rey Enrique I de Inglaterra ★ |•••► #REINO UNIDO #Genealogia #Genealogy ♛

Enrique I de Inglaterra (Selby, Yorkshire, c. 1068/1069-Lyons-la-Forêt, Normandía, 1 de diciembre de 1135); rey de Inglaterra, cuarto hijo varón de Guillermo el Conquistador y de Matilde de Flandes.


Primeros años y ascenso al trono®
A la muerte de su padre en 1087, recibe de herencia 5.000 monedas de plata, siendo conocido como Enrique "Beauclerc" (buen cura en francés), pues desde su infancia se esperaba que siguiera la carrera eclesiástica, habiendo recibido por ello una excelente educación.

Pero el asesinato de su hermano mayor, Guillermo el Rojo (2 de agosto de 1100) –al que se le vincula–, y la ausencia de su hermano mayor Roberto –que estaba en las Cruzadas– lo convierten en el nuevo soberano de Inglaterra, siendo coronado tres días más tarde (5 de agosto de 1100).

Matrimonio y descendencia®
El 11 de noviembre de ese mismo año, tras conseguir la dispensa de sus votos, se casó en la abadía de Westminster, con Edith de Escocia, hija de Malcolm III Canmore, rey de Escocia, y de su segunda esposa, la célebre Santa Margarita Atheling –la cual a su vez, era la hermana mayor de Edgar Atheling, el último miembro de la casa de los Cerdic, y bisnieta de Etelredo II de Inglaterra–. Con este matrimonio, conseguía darle al relativamente nuevo linaje normando cierta legitimidad.

De la unión nacieron tres hijos:

Eufemia (n.y m. Winchester, VII. 1101).
Matilde (n. Winchester, 7.2.1102 – m. Ruan, Francia, 10.9.1167), competidora al trono a la muerte de su padre.
Guillermo "Atheling" (n. Winchester, VIII.1103 – m. ahogado durante el naufragio de su barco, "Le Blanche-Neuf", en Barfleur, Normandía, 25.11.1120), casado con Isabel de Anjou –hermana mayor de Godofredo Plantagenet, segundo esposo de Matilde– (n.1107 – m.1154), la cual toma los hábitos al enviudar, llegando a ser abadesa de Fontevrault.
Lucha por el poder®
En 1101 su hermano Roberto retorna a Inglaterra e intenta hacer valer sus derechos al trono inglés, pero la falta de apoyo de los nobles normandos le hace desistir de su idea. Por el Tratado de Alton, Roberto reconoce a Enrique como rey y éste a cambio concede a su hermano una pensión de 5000 marcos, que se apresuró a pagar.

Ante la falta de recursos económicos, y para ahorrarse así dejar la pensión de Roberto, Enrique conquista el ducado de Normandía al derrotar y encarcelar a su hermano en la batalla de Tinchebray, en Normandía (1106). El ducado de Normandía es anexionado al reino de Inglaterra, y el depuesto duque es confinado sucesivamente en los castillos de Devizes y de Cardiff, donde morirá en 1134.

Política interior®
Para apaciguar a la nobleza, concede una Carta de Libertades, anticipo de la Carta Magna y restaura muchos de los códigos legislativos del rey Eduardo el Confesor. Durante su reinado se disfrutó de una paz, tranquilidad y seguridad que no había tenido el país en muchos años, cambiando el sistema de justicia en el reino para mejor.

Tras la muerte de su único hijo varón legítimo, Guillermo, trata con todas sus energías de que los barones del reino acepten a su hija Matilde como la nueva heredera del trono. Muerta su esposa Matilde en 1118, el rey decide casarse nuevamente, en un afán desesperado por concebir un hijo varón que lo suceda en el trono. El 29 de enero de 1121, en la abadía de Westminster, se desposa con Adela de Lovaina, de sólo 17 años de edad. Este matrimonio no tuvo descendencia.

Murió en la ciudad de Lyons-la-Forêt, cerca de Ruan, en Francia, el 1 de diciembre de 1135, a los 67 años de edad, siendo sepultado en la abadía de Reading.

Descendencia ilegítima®
El rey Enrique es famoso por ser el rey inglés con mayor número de hijos ilegítimos nacidos y reconocidos, con un número entre 20 y 25. Tuvo muchas amantes por ello la identificación de la madre de cada niño es difícil.

Sus hijos ilegítimos de los que hay documentación son los siguientes:

Roberto, Primer Conde de Gloucester. Nacido en 1090. A menudo se dice que fue hijo de Sibila Corbet.
Maud FitzRoy, casada en 1113 con Conan III, duque de Bretaña
Constanza FitzRoy, casada en 1122 con Richard de Beaumont
Mabel FitzRoy, casada con Guillermo III Gouet
Alicia FitzRoy, casada con Matthieu I de Montmorency y tuvo dos hijos.
Gilbert FitzRoy, murió después de 1142. Su madre pudo haber sido una hermana de Walter de Gand.
Emma, se casó con Guy de Laval IV, Señor de Laval


Predecesor:
Guillermo II el Rojo Rey de Inglaterra
1100 – 1135 Sucesor:
Esteban de Blois
Predecesor:
Roberto II Duque de Normandía
1106 – 1135 Sucesor:
Esteban I

viernes, 2 de junio de 2017

Matilde de Inglaterra (1102-1167), reina de Inglaterra ★ |•••► #REINO UNIDO #Genealogia #Genealogy ♔

Matilde de Inglaterra, también conocida como Maud o emperatriz Matilde (Winchester, 7 de febrero de 1102 – Ruan, 10 de septiembre de 1167), emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico (1114–1125) y reina de Inglaterra (abril–noviembre de 1141), siendo la primera mujer en acceder al trono inglés. Era la segunda hija del rey Enrique I de Inglaterra y de Edith de Escocia.

Biografía
Para asegurar la alianza recientemente formada con el Sacro Imperio Romano Germánico, Matilde se casó con el emperador Enrique V, nacido en 1086. El matrimonio se celebró en la ciudad de Maguncia el 7 de enero de 1114. Matilde contaba 11 años de edad y su esposo con 28 años, diferencia de edad que podría haber evitado la consumación del matrimonio hasta años más tarde. La emperatriz Matilde fue muy popular en Alemania, pero a la muerte de Enrique V (23 de mayo de 1125), regresa, viuda y sin hijos, a Inglaterra.

El 25 de noviembre de 1120, su hermano Guillermo, heredero del trono, había muerto ahogado en Barfleur, cerca de Normandía, con tan sólo 17 años de edad. El rey Enrique I, que tenía alrededor de veinte hijos bastardos, despliega todas sus energías para que Matilde, su única hija legítima superviviente, fuese reconocida como heredera del trono inglés, aun a sabiendas de que nunca –hasta ese entonces– una mujer había reinado en Inglaterra por derecho propio. Viendo que los nobles estaban divididos, augurio de una guerra civil, el rey decide casar nuevamente a su hija, esta vez con algún poderoso noble extranjero capaz de contener la ambición de los nobles.

El elegido fue Godofredo V de Anjou, heredero de los condados de Anjou, Turena y Maine, apodado Plantagenet. La boda se celebra en la catedral de la ciudad de Le Mans, el 26 de agosto de 1127. Matilde contaba entonces 25 años de edad, mientras que Godofredo acaba de cumplir los 14 años.

En 1129 el padre de Godofredo, Foulques V, se casó con Melisenda de Rethel, reina de Jerusalén, con lo que se convertía en rey. Antes de partir a Tierra Santa, le cede a su hijo todos los territorios de la familia en Francia, convirtiéndose en Godofredo V, conde de Anjou.

Matilde y Godofredo tuvieron tres hijos:

Enrique (n. Le Mans, 5-3-1133 – m. Chinon, 6-7-1189), duque de Normandía, conde de Anjou, Turena y Maine –al suceder a su padre–; rey de Inglaterra como Enrique II en 1154. Se casaría con Leonor de Aquitania
Godofredo (n. Argentan, 1-6-1134 – m. Nantes, 26-7-1158), conde de Nantes (1157).
Guillermo (n. Angers, agosto de 1135 – m. Ruan 30-1-1164), conde de Poitou.
El rey Enrique I fallece en la ciudad de St-Denis-le-Fermont, cerca de Ruan, el 1 de diciembre de 1135. Antes de morir, hizo jurar a los barones del reino que Matilde y su marido serían sus sucesores en el trono.

Sin embargo, los barones prefirieron proclamar a Esteban de Blois –hijo de Adela, hermana de Enrique I y por tanto primo de Matilde–, lo que acabó en veinte años de reinado convulso y de guerra civil, situación acrecentada por la Carta de Libertades que otorgó Esteban de Blois a los barones, dejándoles libres de la férula feudal a la que les había sometido Guillermo el Conquistador.

Matilde desembarcó entonces en Inglaterra para hacer valer sus derechos, mas le fue imposible defender su posición al faltarle el apoyo militar de su esposo Godofredo V, más preocupado en incorporar Normandía a sus propios dominios, basándose en los derechos de su esposa a dicho ducado. En abril de 1141, Matilde logra recuperar el trono, siendo elegida "Señora de los Ingleses" por un concilio clerical en Winchester, entrando en la capital, Londres, en el mes de junio. Pero su falta de tacto para gobernar y sus exigencias de dinero hicieron que Esteban de Blois lograra deponerla, con apoyo de los nobles, teniendo que huir a Oxford antes de poder ser coronada reina (noviembre de 1141). Matilde logra mantener la resistencia en el oeste del país, apoyada por un sector de la nobleza, leal a la dinastía normanda. Pero al fin, en 1148, Matilde abandona la lucha y se retira a Normandía, donde era la duquesa –titular desde 1135 pero reinante desde 1144–. Su marido, Godofredo V, muere en Château-du-Loir, el 7 de septiembre de 1151, a la temprana edad de 38 años.

El desgobierno inglés resultante había tenido un curioso efecto: el de ampliar los Estados de la casa de Anjou –aumentados con el ducado de Normandía, al fin conquistado por Godofredo V en 1144–, cuyo beneficiario había de ser Enrique, el hijo mayor de Godofredo y Matilde. En 1153 se llega al fin a un acuerdo sucesorio, el Tratado de Wallingford, por el cual Esteban reconoció a Enrique como su heredero. Esteban de Blois muere en Dover el 25 de octubre de 1154, y Enrique Plantagenet sube al trono inglés como Enrique II.

Matilde falleció en Ruan el 10 de septiembre de 1167 a los 65 años de edad, siendo sepultada en la abadía de Bec.

Enlaces externos[editar]
 Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Matilde de Inglaterra.


Predecesor:
Eufrasia de Kiev Emperatriz del Sacro Imperio
1114 – 1125 Sucesor:
Richenza de Northeim
Predecesor:
Esteban de Blois Reina de Inglaterra
1141 Sucesor:
Esteban de Blois

Hugo Capeto Rey de Francia ★ |•••► #FRANCIA #Genealogia #Genealogy ♛

Hugo Capeto
Hugo Capeto
Rey de Francia
Hugues Ier Capet.jpg
Información personal
Otros títulos Duque de los francos y conde de París
Reinado 1 de junio de 987 – 24 de octubre de 996
Coronación 3 de julio de 987 (¿catedral de Noyon?)
Nacimiento c. 940
Fallecimiento 24 de octubre de 996
Les Juifs, Chartres
Predecesor Luis V de Francia
Sucesor Roberto II de Francia
Familia
Dinastía Dinastía de los Capetos
Padre Hugo el Grande
Madre Hedwige de Sajonia
Consorte Adelaida de Aquitania
Descendencia
Gisela (970–1000)
Edwige (969–1013)
Roberto el Piadoso (972–1031) Red crown.png
Adelaida (973–1068).
Firma Firma de Hugo Capeto
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Hugo Capeto (nacido hacia el 940, muerto en «Los Judíos», cerca de Prasville (Eure-et-Loir) el 24 de octubre de 9961 ), duque de los francos (960–987), después rey de los francos (987–996), fue el primer soberano de la Casa de los Capetos. Hijo de Hugo el Grande y de su esposa Hedwige de Sajonia, fue heredero de la poderosa Casa Robertina, linaje que competía por el poder con las grandes familias aristocráticas de Francia en los siglos IX y X.

A finales del siglo X comienza una revolución económica y social que iba a llegar a su apogeo hacia el 1100.2 Los progresos agrícolas, el comienzo de los desbrozos y el aumento de la capacidad de intercambio que conllevó la introducción del dinar por los primeros carolingios, supusieron una dinámica económica aún tímida pero real. Al mismo tiempo, el fin de las invasiones y la continuidad de las guerras privadas conllevaron la construcción de los primeros castillos feudales donde podían encontrar refugio los campesinos. Al mismo tiempo, la nueva élite guerrera, los caballeros, entraron en competencia con la antigua aristocracia funcionarial carolingia. Para canalizar a estos recién llegados y para asegurar la protección de sus bienes, la aristocracia y la Iglesia sostuvieron y explotaron el movimiento de la paz de Dios. Es en este contexto donde Hugo Capeto pudo instaurar la dinastía capeta.

En principio se benefició de la obra política de su padre que logró contener las ambiciones de Heriberto II de Vermandois, además neutralizando el linaje. Sin embargo, esto no se pudo hacer sino ayudando a los carolingios a mantenerse, aunque de hecho estuvieron totalmente excluidos de la carrera por la corona desde la decadencia de Carlos el Simple. En 960, Hugo Capeto heredó el título de duque de los francos obtenido por su padre a cambio de la concesión de la corona a Luis IV de Ultramar. Pero, antes de lograr el poder, debió liberarse de la tutela de los otonianos y eliminar a los últimos carolingios. Con el apoyo de la Iglesia, y en particular del obispo Adalberón de Reims y de Gerberto de Aurillac, ambos próximos a la corte otoniana, fue finalmente elegido y consagrado rey de los francos en 987.

La relativa debilidad de Hugo Capeto era paradójicamente una ventaja para su elección por las otras grandes familias con el apoyo de los otonianos, ya que suponía poca amenaza a los ojos de los grandes vasallos y para las ambiciones imperiales. Sin embargo, si bien fue cierto que el nuevo rey no logró someter a sus indisciplinados vasallos, su reinado supuso una modificación de la concepción del reino y del rey. Así, Hugo Capeto se reconcilió con la Iglesia rodeándose sistemáticamente de los principales obispos y se acercó a la aristocracia aliándose con los grandes príncipes territoriales (el duque de Normandía o el conde de Anjou), lo que reforzó su trono. Conocemos la historia del primer Capeto principalmente gracias al monje erudito Richer de Reims.

La Francia occidentalis se encontraba definitivamente separada del Imperio y el primer Capeto, como sus sucesores, puso toda su energía en crear una dinastía continua, consolidando su poder sobre sus dominios y asociando al trono a su hijo Roberto II el Piadoso el día de Navidad del año 987.3 La corona fue, en efecto, transmitida a su hijo tras su muerte en 996. La casa de los capetos así fundada durará más de ocho siglos y dará origen a dinastías reales en España, Portugal, Brasil,4 Italia,5 Hungría6 y Polonia.7

La Francia de la Casa Robertina®
El reino y la sociedad en el siglo X®
Geografía®
El reino ocupaba la antigua Francia Occidental, cuyas fronteras fueron definidas en el tratado de Verdún de 843. Hugo fue soberano del reino de Francia, que ya no se llamaba “Francia occidentalis” desde la segunda mitad del S. X.8 Los cuatro ríos (Escalda, Mosa, Saona y Ródano) constituían sus límites al norte y al este, separándolo del imperio otoniano. Al sur, los Pirineos no eran frontera, ya que el Condado de Barcelona formaba parte del reino.9 Por el contrario el principado (condado, reino o ducado según la fuente) de Bretaña no formaba parte del mismo. Finalmente, el trazado de las costas era muy diferente del actual, ya que los golfos no estaban colmados, en particular el de Bahía de Arcachón y el golfo de Saint-Omer, y las desembocaduras de los ríos evolucionaban aún. Se tratase de Charente o del Flandes marítimo, la costa firme estaba lejos del interior de las tierras actuales «precedidas por inmensas marismas, frecuentemente invadidas por el mar».10

Génesis de una renovación económica®

Campesinos en los campos. Códice iluminado medieval. Biblioteca real del Escorial, Madrid, S. XIII.
En el año 1000 hubo una crisis económica que tuvo su apogeo en los siglos XII y XIII. Desde mediados del siglo X, se dio una primera fase de crecimiento agrario. Parece como si «la angustia del hambre» hubiese impulsado a los campesinos a producir más y mejor. Así, los campesinos se adaptaron: mejor conocimiento del suelo, adaptación de los trabajos según el medio, evolución del método de tiro (collera y herradura) y desarrollo de la micro-hidráulica (foso de drenaje e irrigación).11

La acuñación de la moneda de plata y su homogeneización por los primeros carolingios desencadenó un auténtico cambio económico que dio sus frutos con el fin de las invasiones. Más idónea que la moneda de oro heredada de la Antigüedad, que sólo era conveniente para transacciones muy onerosas, el dinar de plata permitió la introducción de millones de productos y de consumidores en el circuito comercial.12 Los campesinos comenzaron a poder vender sus excedentes y por lo tanto se interesaron en producir más de lo que les era necesario para la subsistencia y para pagar los derechos señoriales.13 Este fenómeno se confirma por la proliferación de mercados y talleres de acuñación de moneda en occidente desde el S. IX.14 En ciertos casos, los propietarios, eclesiásticos o laicos, proveyeron de arados, invirtieron en equipamiento mejorando la producción: molinos de agua reemplazando molinos de mano, presas de aceite o de vino (reemplazando la pisa),15 etc. El redescubrimiento de la capacidad de la energía hidráulica, superior a la animal o humana, permitió una productividad sin comparación con la disponible en la alta Edad Media y comparable a la de los Romanos que ya utilizaron molinos de agua instalados en serie junto a colinas o montañas. Cada muela de un molino de agua podía moler ciento cincuenta kilogramos de harina por hora, lo que equivalía al trabajo de cuarenta esclavos.16

Los rendimientos de las tierras cultivadas pudieron llegar hasta a cinco o seis por uno. Este progreso liberó mano de obra para otras actividades. Pierre Bonnassie ha demostrado que, después de las hambrunas de 1005–1006 y de 1032–1033, la población cada vez estuvo menos expuesta a los desarreglos alimentarios y, en consecuencia, a las epidemias, disminuyendo la tasa de mortalidad.17 No deberíamos sobrestimar esta época de renovación económica y social, ya que el cambio está en sus comienzos y el campesinado es aún víctima de las malas cosechas, como, bajo el reinado de Roberto el Piadoso, donde asistimos, según Rodolfus Glaber, a hambrunas terribles donde el canibalismo fue común en determinadas regiones (1005–1006 y 1032–1033).17 El crecimiento demográfico y el aumento de la producción agrícola se entretejieron en un círculo virtuoso: Fueron la llave de la renovación medieval.

La sociedad carolingia se eclipsó progresivamente. Así, constatamos la desaparición de la esclavitud en el Mediodía en beneficio de los campesinos libres. Sin embargo, un nuevo poder se afirmó: el señor feudal. A partir de 990, La desaparición de las instituciones de la época precedente conlleva un nuevo uso, el de la «costumbre». En el siglo X, se trataba de derechos exigidos por el señor feudal y que ninguna autoridad superior podía contradecir. Sin embargo, el surgimiento de la caballería medieval no impidió el progreso técnico y el avance agrícola.18


Dinar acuñado por los Vikingos
El dinar de plata fue uno de los principales motores del crecimiento económico desde el siglo IX. La debilidad del poder real conllevó la acuñación de moneda por numerosos obispos, señores y abades. Mientras que Carlos el Calvo contó con 26 talleres de acuñación de moneda, Hugo Capeto y Roberto el Piadoso solo tuvieron el de Laon.19 El reino de Hugo Capeto marcó el apogeo de la feudalización de la moneda, lo que produjo una disminución en la uniformidad del dinar y la aparición de la práctica de la reacuñación de la moneda en los mercados (fiándose del peso de la pieza para determinar el valor). Por el contrario, estamos en un periodo donde el aumento de intercambios fue sostenido por el aumento del volumen de metal disponible. De hecho, la expansión hacia el este del imperio permitió a los otonianos explotar nuevos yacimiento de plata. El margen de maniobras de Roberto el Piadoso era débil y la práctica del recorte o de cambio de las monedas conllevaba devaluaciones perjudiciales.

Renovación espiritual®

Consagración de Cluny III por el Papa Urbano II. Biblioteca Nacional de Francia, S.XII.
La iglesia no se libró de los desórdenes del S. IX y X. Cargos de abades parroquiales o eclesiásticos, fueron dados a laicos para formar clientelas y la disciplina monástica se relajó; el nivel cultural de los curas bajó a mediocre.20 En contraposición los pocos monasterios que conservaron una conducta irreprochable adquirieron una gran autoridad moral. Estos monasterios íntegros recibieron numerosos donaciones para lograr de los priores la absolución, particularmente postmortem.21 La elección de los abades se orientó cada vez más hacia hombres de gran integridad y algunos como Guillermo I de Tolosa llegaron incluso a dar autonomía e inmunidad a los monasterios que eligieron a su abad. Fue el caso de abadía de Gorze, Gérard de Brogne o Cluny. Otros monasterios utilizaron falsos certificados de inmunidad para adquirir la autonomía.22

Entre ellos, Cluny vivió el desarrollo y la influencia más importante. Bajo la dirección de abades dinámicos como Odón, Maïeul de Cluny — un amigo personal de Hugo Capeto — o también Odilón, la abadía arrastró a otros monasterios con los que existía una unión, y formó pronto una orden muy poderosa (en 994, la orden de Cluny contaba ya treinta y cuatro conventos).23 La otra gran fuerza de Cluny fue el reclutar una buena parte de sus miembros y particularmente sus abades en la alta aristocracia.24

Estos monasterios eran la punta de lanza de un profundo movimiento de reforma monástica. Su obra moralizadora tocó pronto todos los niveles de la sociedad. En particular, buscó llevar a los caballeros hacia el movimiento de la Paz de Dios tras la Tregua de Dios. Ese movimiento, muy influyente, impulsó la creación de Estados estables y en paz. Esos reformadores tenían como modelo el Imperio Carolingio que sostuvo la reforma benedictina, la fundación de numerosas abadías y su desarrollo espiritual, se apoyaron durante mucho tiempo sobre la Iglesia para gobernar. El aumento del poder de los otonianos les dio la ocasión de trabajar para la reconstitución de un imperio universal. Hugo Capeto, abad laico pero sostenedor activo de la reforma, era un candidato ideal para ocupar el trono de Francia ya que también se le consideraba sin poder suficiente para escapar de la influencia de los otonianos.

«Mutación feudal»®
El contexto histórico es el del “cambio feudal”. Este concepto que Georges Duby sitúa alrededor del año mil, lo que es discutido por Dominique Barthélemy para quien esta evolución se desarrolló durante varios siglos.

El Imperio carolingio se desintegraba desde mediados del S.IX. Al parar la expansión territorial, los emperadores no disponían de nuevas tierras o cargos para retribuir a sus vasallos y no tenían por tanto más sujeción sobre ellos. Poco a poco, deben concederles la transmisión hereditaria de tierras y de cargas, y después una autonomía cada vez mayor. Por otro lado, en el plano militar, las huestes carolingias poderosas pero lentas de reunir se mostraban incapaces de responder a las correrías vikingas o sarracenas caracterizadas por su gran movilidad.25 Los castillos de madera o mottes castrales aparecieron alrededor del año mil entre el Loira y el Rin.26 Esto responde a la lógica de una sociedad medieval que evolucionaba: a partir de 980, el reino de los francos se vio sacudido por la «revolución aristocrática» viendo los campos cubrirse de fortalezas primitivas de madera.


Dinar de Hugo Capeto para Beauvais
Alrededor de ellas surgieron nuevas costumbres (“malos usos”).27 Los antiguos pagi carolingios fueron eclipsados por un nuevo resorte territorial fundado sobre el territorio del castillo (districtus).28 Los castillos (les mottes) inicialmente concebidos como refugios, se convirtieron en signo de autoridad, de desarrollo económico y de expansión territorial.

La historia romántica del S. XIX describía una «anarquía generalizada» y una Francia «erizada» de castillos alrededor del año mil. Actualmente se ha matizado mucho este fenómeno ya que, desde un principio, las autoridades intentaron regular la construcción de castillos.29 Se han conservado actas que revelan esta voluntad de prohibir las construcciones fortificadas: El 'Capitulaire de Pîtres (864) o también las Consuetudines et Justicie normandas (1091).30 Pero, en esos tiempos de invasiones y de guerras privadas continuas, los habitantes se fueron agrupando en las proximidades del castillo, lo que legitimaba al castellano en el ejercicio del los derechos feudales: Se habla de incastellamento en el mediodía y de encellulement en el Norte de Francia.

Desde entonces, esta nueva élite guerrera que se apoyaba en sus castillos entró en conflicto de intereses con la aristocracia y la iglesia cuyos ingresos dependían de la economía del campesinado.31 Condes, obispos y abades que pertenecían a grandes linajes aristocráticos debieron reaccionar para frenar sus ambiciones, que conllevaban numerosas guerras privadas y pillajes. Estos representantes de las grandes familias explotaron y propagaron el movimiento de la paz de Dios, nacido de la exasperación del campesinado y del clero sometidos a las arbitrariedades de los hombres en armas (milites).32 La codificación y la moralización de la conducta de los caballeros sobre criterios religiosos conllevó la elaboración, por el obispo Adalberón de Laon, de una sociedad dividida en tres órdenes sociales: Aquellos que trabajan (laboratores), aquellos que rezan (oratores) y aquellos que combaten (bellatores).

En fin, a pesar de la descentralización del poder, el rey conservó su autoridad política. Es una época de reivindicación de tierras y de cargos; el homenaje rendido al soberano permitía oficializar la propiedad. El rey, que es sagrado, conserva un papel arbitral que le permitirá aguantar el siglo X. En el siglo XI, aún será puesta en cuestión su autoridad por ciertos príncipes (condes de Blois, conde de Vermandois).

La Casa Robertina®
Genealogía de la Casa Robertina entre los siglos VI y X
Desde el fin del siglo IX, la política real no podía hacerse sin contar con los descendientes de Roberto el Fuerte, de entre los que formaba parte Hugo Capeto. El objetivo de la corona era convertirse en electiva, las mayores familias del reino se la disputaban. La Casa Robertina se aprovechó de la juventud y después de la decadencia de Carlos el Simple para subir al trono. Eudes I o Roberto I, respectivamente tío-abuelo y abuelo de Hugo Capeto, fueron rey de los francos (888–898 y 922–923).

Sin embargo, su padre Hugo el Grande se enfrentó al poder en ascenso de Heriberto de Vermandois quien controla torre por torre el Vexin, la Champagne y Laon, además el arzobispo de Reims es su hijo Hugo y se alió al emperador Enrique I el Pajarero.33 La Casa Robertina, que ya había debido renunciar a la corona en 923 en beneficio de Raúl de Borgoña, por falta de heredero varón capaz de dirigir su principado,33 sube al trono en 936 al joven carolingio Luis IV, sin embargo refugiado junto a su tío en Inglaterra después de la decadencia de su padre Carlos el Simple y desprovisto de toda posesión en Francia,34 subrayando que sería ilegítimo impulsar hacia el trono a alguien salido de un linaje diferente al de Carlomagno.

Esta maniobra le permitió sin embargo convertirse en el personaje más poderoso en la Francia de la primera mitad del siglo X: a su advenimiento, Luis IV le da el título de dux Francorum (duque de los francos), lo que anunciaba nuevamente el título real.34 El rey lo calificaba oficialmente (puede que bajo presión) como «el segundo después de nos en todos nuestros reinos».35 Ganó más poder aún cuando su gran rival Heriberto de Vermandois murió en 943, ya que entonces su poderoso principado fue dividido entre sus cuatro hijos.36


Mapa 1: El reino de Francia en tiempos de los últimos carolingios. Según L. Theis, L'Héritage des Charles, Seuil, París, 1990, p. 168.
Hugo el Grande dominaba entonces numerosos territorios entre Orléans-Senlis y Auxerre-Sens, mientras que el soberano carolingio estaba más bien replegado al noreste de París (Compiègne, Laon, Soissons) (mapa 1).35 Finalmente, el duque de los francos dirigió obispados y abadías como las de Marmoutier (cerca de Tours), de Fleury-sur-Loire (cerca de Orléans) y de Saint-Denis. También fue abad laico de la colegiata de la San-Martín de Tours por la que Hugo el Grande y sobre todo su hijo Hugo «Capeto» puede ser que heredaran su apodo en referencia a la cappa (la 'capa' de san Martín) conservada como reliquia en ese lugar.37

Su poder proviene también de sus alianzas: Hugo el Grande se casó una primera vez con la hermana de Athelstan, uno de los más poderoso soberanos de Occidente de principios del siglo X después de que hubiese echado a los vikingos del Danelaw.38 Cuando Otón I al restaurar el Imperio se convirtió en la primera potencia de Europa, Hugo el Grande se casó con su hermana39 Sin embargo, el poder que debía heredar Hugo Capeto tenía sus límites: sus vasallos eran lo suficientemente poderosos por sí mismos como para tener una gran autonomía y jugar a una política de equilibrio entre carolingios y la Casa Robertina.40

Biografía®
Fuentes primarias®
Estamos mal informados sobre el reino de Hugo Capeto. Ningún escritor de su tiempo juzgó necesario redactar su biografía. Aparecen elementos dispersos en la historia contemporánea redactada por el monje Richer de Reims, en la “Correspondance” de Gerberto de Aurillac así como en la obra de Abón de Fleury, todos clérigos y claros partidarios del nuevo rey. Los acontecimientos confusos que se sucedieron son difíciles de reconstruir.41

Infancia®
Heredero de Hugo el Grande®
Hugo nació en un lugar desconocido hacia el año 939–941.42 Era hijo de Hedwige de Sajonia (hermana de Otón I) y de Hugo el Grande.


Sello imperial de Otón I, 968.
En 956, Hugo el Grande muere y su hijo Hugo Capeto se convirtió en heredero de una potencia de primer orden: En Roma, el Papa lo reconoció como «glorioso príncipe de los francos». A mediados del siglo X, la competición por la corona entre carolingios y la Casa Robertina había terminado, y la victoria de estos últimos era ya casi ineludible.43 La legitimidad de la Casa Robertina se concretizaba sobre todo gracias a las alianzas. Por las venas de Hugo Capeto corría un poco de sangre carolingia por parte de su abuela paterna (Beatriz de Vermandois), pero también sangre germana por línea directa. Esta ascendencia vendría de Renania y no de Sajonia según Karl Ferdinand Werner.44 En fin, su padre se había aliado con el nuevo rey de Germania Otón I, de quien había esposado la hermana Hedwige de Sajonia para oponerse a toda pretensión de Luis IV sobre la Lotaringia.45 En resumen, cuando murió su padre, Hugo Capeto heredaba teóricamente un título prestigioso y un principado poderoso.

Francia bajo la influencia de los otonianos®
En 956, cuando murió su padre, Hugo Capeto, el hijo mayor, sólo tenía unos quince años y dos hermanos. Otón I, rey de Germania, quería tener bajo tutela Francia Occidental, lo que le era posible por ser el tío materno de Hugo y de Lotario, nuevo rey de los francos quien había sucedido a la edad de 13 años a Luis IV en 954. El reino de Francia en 954 y el principado robertino en 956 fueron puesto bajo la tutela de Bruno, arzobispo de Colonia y duque de Lotaringia, hermano del rey Otón I. La tutela de Hugo fue doblada por aquella de Lotario. El objetivo de Otón I era mantener el equilibrio entre los robertinos, los carolingios y los otonianos.43 En 960, el rey de los francos consintió en dar a Hugo la herencia de su padre, con el marquesado de Neustria y el título de duque de los francos. Pero, como contrapartida, el duque debía aceptar la nueva independencia adquirida por los condes de Neustria durante la ausencia de poder.46 Su hermano Otón sólo obtuvo el ducado de Borgoña.47 Andrew W. Lewis ha intentado demostrar que Hugo el Grande había preparado una política patrimonial para asegurar a su hijo mayor la mayor parte de su herencia como hacían todas las grandes familias de esa época.48

A partir de 962, Occidente estaba dominado por el vencedor de la cristiandad frente a los húngaros, Otón I, quien restauró el título imperial y se apoderó de paso de Italia. El nuevo emperador aumentó su poder sobre Francia Occidental atrayendo a algunos obispos fronterizos; aunque elegido por Lotario, el arzobispo de Reims (quien aseguraba la elección de los reyes de Francia) Adalberón de Reims tendió a unir sus simpatías al imperio.49 Aprisionado en una tenaza, el rey Lotario se apoyaba en otros obispos (Langres, Châlons, Noyon) y sobre el conde de Flandes Arnulfo I.

Hugo Capeto, duque de los francos (960–987)®
Unos comienzos difíciles®

Moneda de Hugo Capeto, «duque por la gracia de Dios» (Dux Dei Gratia), taller de París (Parisi Civita), fines del siglo X.
Cuando recibía su cargo ducal (duque de los francos, dux francorum) en 960, Hugo Capeto era menos poderoso que su padre (mapa 1). En efecto, era joven, políticamente inexperto y, sobre todo, estaba bajo la tutela de su tío Bruno de Colonia, cercano al poder otoniano.50

Frente a este debilitamiento, se produjo un fuerte movimiento de independencia de sus vasallos entre el Sena y el Loira. El conde Thibaud de Blois, aunque antiguo vasallo de Hugo el Grande quien le confió la ciudad de Laon, se aseguró una quasi-independencia proclamándose conde de Blois, haciendo fortificar sus principales ciudades y apoderándose de Chartres y de Châteaudun.51

Los diplomas reales de los años 960 muestran que las grandes familias aristocráticas no eran ya únicamente fieles al duque de los francos, como en tiempos de Hugo el Grande, sino igualmente al rey Lotario. En efecto, se encuentran algunos de ellos en las armadas reales luchando contra el duque de Normandía por cuenta de Lotario.52 En fin, parecía que Hugo tendía a perder su lugar como número dos del reino. Dos cartas del abad de Montierender (968 y 980) hacen referencia a Heriberto III de Vermandois, entonces conde de Château-Thierry, de Vitry y abad laico de Saint-Médard de Soissons, llevando el título de «conde de los francos» e incluso de «conde de palacio» en una carta de Lotario.52

El salvador de la realeza carolingia®
Por su parte, Lotario también había perdido poder debido al reforzamiento de la monarquía otoniana. Hizo una triste figura participando en las asambleas de vasallos y parientes de Otón I en 965. Sin embargo, a partir de la muerte del emperador en 973, el rey quiso reanudar la política de su abuelo: recuperar la Lorena, «Cuna de los carolingios».51 Durante el verano de 978, por razones oscuras, decidió pasar a la acción. El principal testigo de la época, Richer de Reims explicaba:

Como Otón poseía Bélgica (la Lorena) y que Lotario buscaba apoderarse de ella, los dos reyes intentaron uno contra el otro maquinaciones muy pérfidas y golpes de fuerza, ya que ambos pretendían que su padre la había poseído.
Richer de Reims, apr. 990.53
En agosto de 978, acompañado por los grandes del reino (entre los que estaba Hugo que veía con buenos ojos una riña entre carolingios y otonianos54 ), Lotario tomó por sorpresa Aquisgrán, residencia de Oton II, y se permitió el gesto simbólico de girar hacia el este el águila de bronce que decoraba la torre del palacio que después de haber sido girada hacia el este en los tiempos de Carlomagno amenazando así a los eslavos de Moravia, fue girada hacia el oeste por los otonianos, desafiando así a la Francia occidental.55 Pero tuvo que retirarse rápidamente y refugiarse en Étampes con Hugo. Otón II emprendió una ofensiva, enviando sus ejércitos hasta las puertas de París. Carlos de Lorena, hermano de Lotario, fue incluso coronado rey en Laon por el obispo de Metz, Thierry I. Pero, a las puertas de París, Hugo Capeto cortó la ruta al emperador germánico que, viendo acercarse el invierno (era el 30 de noviembre) se vio obligado a huir. Las tropas de Lotario y de Hugo Capeto persiguieron a Otón cuya retaguardia, no pudiendo cruzar el Aisne, que estaba crecido, fue completamente diezmada en Soissons, «así murieron más por la ola que por la espada».56 Esta victoria permitió a Hugo Capeto recuperar su posición de primer aristócrata del reino Franco.57

El papel del arzobispo de Reims®

Moneda anónima atribuible a Reims y al arzobispo Gerberto de Aurillac o a Arnoul, finales del siglo X
Hasta finales del siglo X, situado en territorio carolingio, Reims era la sede arzobispal más importante de Francia. Pretendía ser el primado de los Galos y su título tenía el privilegio de consagrar a los reyes y de dirigir su cancillería. De este modo, el arzobispo de Reims era tradicionalmente favorable a la familia reinante y tenía, desde hacía tiempo, un papel central en la política real. Pero la ciudad episcopal estaba dirigida por Adalberón de Reims, sobrino de Adalberón de Metz (un prelado fiel a los Carolingios), elegido por el rey Lotario en 969, pero que tenía enlaces familiares con los otonianos.58 El arzobispo estaba asistido por una de las mentes más avanzadas de su tiempo, el écolâtre59 y futuro papa Gerberto de Aurillac. Adalberón y Gerberto trabajaron por el restablecimiento de un imperio único que dominase toda Europa. El rey Lotario, con 13 años, estaba de hecho bajo la tutela de su tío Otón I. Pero, al madurar, se afirmó y se independizó, lo que contradijo los proyectos imperiales de reunir toda Europa bajo una única corona. Desde entonces, el obispo abandonó a Lotario y apoyó a Hugo Capeto.58

Efectivamente, para que los Otonianos pudiesen hacer de Francia un Estado vasallo del imperio, era imperativamente necesario que el rey de los Francos no fuese de linaje carolingio y que fuese lo suficientemente poco poderoso para aceptar esta tutela. Hugo Capeto se convirtió para ellos en el candidato ideal, siendo además un apoyo activo de la reforma monástica de sus abadías mientras que los otros pretendían continuar distribuyendo cargos eclesiásticos y abaciales entre su clientela. Tal conducta sólo podía seducir a los de Reims, muy cercanos al movimiento cluniacense.

Gracias a la correspondencia de Gerberto, se han obtenido muchas informaciones sobre estos acontecimientos políticos:

El rey Lotario sólo es el primero en Francia por su título. Hugo lo es, no por el título, sino por sus hechos y gestas.
Gerberto de Aurillac, Correspondance, v. 985.60
Los de Reims también se disgustaron por el acercamiento entre el rey y Heriberto de Vermandois, el eterno enemigo de los Carolingios, el descendiente del traidor que había permitido el arresto de su abuelo Carlos el Simple en 923. Abalbéron y Gerberto estaban cerca de la corte otoniana y acercarse a Hugo conllevaría finalmente que Francia renunciase a la Lorena.49 Otton III tenía tres años cuando murió su padre: dos partidos lucharon entonces para asegurar la regencia, uno encabezado por Enrique II, duque de Baviera, llamado el pendienciero y Lotario (954–986), y el otro por las emperatrices Théophano, su madre, y Adelaida de Italia, su abuela, bando seguido por Gerberto y Adalberón quienes apoyaron a Hugo Capeto contra Lotario.61

El fracaso de Lotario (979–986)®

Cabeza de Lotario, escultura del siglo XII, Museo San Remigio de Reims.
El fin del siglo X, rico en acontecimientos complejos, no ha sido aclarado por la Historia de Richer de Reims, que escribió después de 990. Completó la cronología de Flodoardo, quien paró en el 966. Sin embargo, se sabe que su relato es de baja fiabilidad. Richer tenía el deseo de hacer bien, lo que le llevó en ocasiones a modificar la cronología y a vanagloriar a sus maestros de Reims: Adalberón y Gerberto.62 Son estas, por tanto, las bases epistemológicas sobre las que conocemos la caída de los Carolingios.

Apoyado por el obispo de Reims, Hugo fue a partir de entonces el nuevo hombre fuerte del reino. En el 979, mientras Lotario deseaba asegurar su sucesión asociando al trono a su hijo mayor, el duque de los Francos se encargó de la reunión de los principes regnorum, es decir, los grandes del reino. La ceremonia se desarrolló en Compiège en presencia del rey, de Arnoul (un hijo ilegítimo del rey Lotario) y de Adalberón de Reims, bajo el beneplácito de Hugo. La asamblea eligió a Luis V (hijo de Lotario), según el rito carolingio, y el arzobispo de Reims lo consagró rey de los Francos. Richer, sin embargo, dató el acontecimiento en el 981. Se desconoce quiénes eran los grandes señores del reino presentes en la ceremonia.57

El año siguiente, Lotario, viendo crecer la empresa de Hugo, decidió reconciliarse con Otón II: aceptó renunciar definitivamente a la Lorena.63 Pero Hugo, por oscuras razones, no deseaba que Lotario se reconciliase con el emperador alemán; se apresuró entonces a tomar el castrum (la fortaleza) de Montreuil, para luego dirigirse a Roma. Ya allí, se encontró con el emperador y con el papa, en compañía de sus fieles Bouchard de Vendôme y Arnoul de Orléans.64 La tensión aumentó entre Lotario y Hugo. El rey de los Francos hizo casar a su hijo Luis con Adelaida de Anjou lo que le aportó Auvernia y el condado de Tolosa, para así poder aprisionar los territorios robertinos por el sur (982). Fue un fracaso. La pareja se separó dos años más tarde.65

Después de la muerte de Otón II (983) y aprovechando la juventud de Otón III, Lotario renunció a su acercamiento a los Otonianos y, aliándose con el duque de Baviera, decidió retomar la ofensiva en Lorena en marzo de 985. Hugo se guardó muy mucho esta vez de tomar parte en la expedición.66

Cuando el rey tomó Verdun e hizo prisionero a Godofredo (el hermano del arzobispo de Reims), Adalberón de Gerbert pidió ayuda al duque de los Francos. Pero la loca carrera de Lotario terminó con su fallecimiento en marzo de 986.67

Elegido y consagrado rey de los Francos (987)®
El fin de los Carolingios®
La contradicción entre ciertos hechos reflejados por Richer no permiten comprender toda la acción política de Hugo en la víspera de su coronamiento. Por ejemplo, no se sabe por qué no se opuso a asociar al trono a Luis, ni a su sucesión en 986, mientras que fue a Roma para encontrarse con el emperador alemán con intenciones hostiles a Lotario. Preocupado por la toma de Verdún y la llamada de Adalberón, parecería que el duque de los Francos habría reunido él mismo un ejército. Puede que estuviese considerando la posibilidad de marchar contra Lotario y apoderarse del trono.68

En cualquier caso, el nuevo soberano Luis V, como lo habían hecho Luis IV y Lotario, declaró que seguiría los consejos del duque de los Francos. Sin embargo, incorporó los objetivos de su padre sobre la Lorena y se cree que habría deseado lanzar una ofensiva contra Reims y Laon debido a su acercamiento con el Imperio.69 No se sabe cuál fue el papel de Hugo en ese momento, las fuentes son difusas. Aparentemente, el duque de los Francos habría frenado las aspiraciones exageradas del rey carolingio. De hecho, Luis convocó al arzobispo de Reims en su palacio de Compiègne para que respondiese de sus acciones. Pero, durante una partida de caza, el rey falleció al caerse de su caballo el 21 o el 22 de mayo de 987 en el bosque de Senlis.70

La expulsión de Carlos de Lorena®
En mayo de 987, los cronistas, principalmente Richer de Reims y Gerbert d'Aurillac, escribieron que, en Senlis, «se extinguía la raza de los carolingios». El rey difunto fue rápidamente enterrado en Saint-Corneille de Compiègne y no en Reims como él hubiera deseado.71 Pero, incluso si Luis V murió sin hijos, quedaba un carolingio con posibilidades de acceder al trono. Se trataba de Carlos de Lorena, hijo de Luis IV y hermano de Lotario. Esto no tenía nada de extraordinario: no era la primera vez que un carolingio competía con un robertino.72 De hecho, en los tiempos del padre de Hugo Capeto, no se concebía la ruptura con los carolingios mientras existiesen, y el príncipe Luis era percibido como joven y puro.73 Pero los tiempos habían cambiado en el año 987. Desde hacía una década, Hugo Capeto competía de manera abierta con el rey, parecía haber sometido a los grandes vasallos, pero, sobre todo, su adversario Carlos de Lorena fue acusado de todos los males posibles: de haber querido usurpar la corona (978), de haberse aliado con Otón II, y después fue acusado de adulterio con la reina Emma de Italia, mujer de su hermano.74

Adalberón de Reims convocó a los grandes señores de Francia en Senlis y les dijo:

Nosotros no ignoramos que Carlos de Lorena tiene partidarios: ellos sostienen que tiene los derechos sobre la corona, transmitidos por sus padres. Pero sólo se debe llevar al trono a un hombre excepcional por la nobleza de su sangre y la virtud de su alma. Sin embargo, Carlos no obedece al honor, ha perdido la cabeza hasta el punto de ponerse al servicio del rey extranjero Otón II y de casarse con una mujer de una clase inferior de la nobleza.
Richer de Reims, Histoire, IV, v. 990.75
De vuelta a Inglaterra, Abón de Fleury, maestro de Saint-Benoît-sur-Loire, difundió una leyenda según la cual los últimos carolingios habrían sido maldecidos por el «Lobo».76 En efecto, insistiendo en la santidad de la cabeza real consagrada, recuerda que el lobo había precipitado a Luis IV y su descendencia, demasiado orgullosos y brutales, por contraposición al rey Edmundo, soberano ideal y pacífico. El clero extendió también la idea de que los carolingios habían sido como condenados por un juicio divino que por contagio se hacía hereditario (Luis IV, Luis V). Se trataba por tanto de desterrar definitivamente esta dinastía del trono.77 Adalberón aboga una última vez en favor de Hugo:

El trono no se gana en absoluto por derecho hereditario, y sólo hemos de poner a la cabeza de un reino al que se distinga por sus cualidades. Considerad por tanto como jefe al duque Hugo, recomendable por sus acciones, por su nobleza y por sus tropas, en quien encontrareis un defensor, no solamente del interés público sino también de los intereses privados.
Richer de Reims, Histoire, IV, v. 990.78
Cuestiones sobre la coronación de Hugo Capeto®
Hugo hizo recompensar inmediatamente a Adalberón, y este último pudo entonces convocar una nueva asamblea en Senlis (feudo de Hugo) y volvió a Reims para excluir cualquier propuesta a favor de Carlos de Lorena. Así, Hugo fue quien se convirtió en el nuevo soberano.71 Sin embargo, los historiadores especializados en este periodo afirman:

En 1989, para ser sinceros, no se sabe aún con total certeza cuándo, cómo y dónde tuvo lugar el coronamiento y consagración del primer Capeto.79
Pero, ¿qué sabemos exactamente? La cronología proporcionada por Richer de Reims es la que plantea problemas. El monje escribió que Hugo fue coronado y consagrado el 1 de junio. Yves Sassier no imagina que se pudiese en aquella época coronar un nuevo soberano únicamente a diez días de la muerte del Carolingio. Parece más bien que Hugo hubiera sido aclamado rey por la asamblea de Senlis (quizás el 3 de junio) y luego coronado y consagrado rey el 3 de julio en Noyon.80

El duque fue llevado al trono y reconocido rey por los galos, los bretones, los normandos, los aquitanos, los godos, los españoles (del condado de Barcelona) y los gascones.
Richer de Reims, Histoire, IV, v. 990.78
Pero las fuentes hacen referencia igualmente a una ceremonia en Reims, de ahí la idea de admitir dos ceremonias: una en Noyon (laica) y otra en Reims (religiosa).81 Finalmente, ¿de qué estamos seguros? Hugo Capeto fue aclamado por la asamblea de Senlis (algunos días después de la muerte de Luis V), después fue coronado y consagrado, sea en Reims, sea en Noyon, entre mediados de junio y mediados de julio del año 987. La elección de Noyon es confusa: ¿por qué elegir otra ciudad además de Reims a pesar de que el nuevo soberano acababa de ser elegido bajo el apoyo de Adalberón de Reims? ¿Se trataba de una maniobra con el fin de contrarrestar al arzobispo de Reims como Hugo lo hará algunos meses más tarde haciendo consagrar a su hijo en Orleans?80 No se sabe nada del desarrollo de la consagración y de la coronación de Hugo; sin embargo, es casi seguro que llevaba un manto de púrpura tejido de oro (y quizás bordado con temas religiosos), medias rojas, zapatos violetas, una corona arqueada con cuatro floretes y un cetro.82

Reinado®
Roberto II el Piadoso, asociado a la corona®

Estatua de Hugo Capeto en el Palacio de Versalles.
Una de las primeras preocupaciones del nuevo rey fue asegurar que la dinastía se perpetuase. Trató de convencer a Adalberón de consagrar a su hijo Roberto. Pero el arzobispo, muy próximo al poder otoniano que prefería la alternancia de las grandes familias en el trono de Francia a que el poder de una dinastía fuese capaz de competir con él, no acepta la propuesta. Hugo, que acababa de recibir una carta de Borrell II, conde de Barcelona, pidiéndole que le apoyase contra Almanzor quien acababa de lanzar una razia contra Barcelona, argumentaba que necesitaba tener un sucesor en el caso de que la expedición contra los sarracenos acabase mal. Adalberón tuvo que ceder y Roberto el Piadoso fue consagrado, a la edad de quince años, el día de Navidad de 987.83

Hugo Capeto soñaba casarlo con una princesa bizantina, pero ese proyecto fracasó, Roberto tuvo que casarse con la viuda de Arnulfo II de Flandes, e hija de Berengario II, rey de Italia, de la familia carolingia.83 Rozala de Italia tenía veinte años y era la hija mayor de Berengario II. Al no tener hijos con su esposa, ya que ella era demasiado mayor, Roberto la repudia hacia 991/992.84

Asociado a la corona, Roberto asistió a su padre en los asuntos militares (conquista de Laon 988–991). Por otra parte, su sólida instrucción adquirida de la mano de Gerberto de Aurillac en Reims, le permitió tratar cuestiones religiosas de las cuales fue rápidamente el garante (dirigió el concilio de Verzy en 991 y el de Chelles en 994). Es casi seguro que, al contrario que su hijo, Hugo era iletrado y no hablaba el latín sino el romano (latín vulgar del norte).85

Captura de Carlos de Lorena®
Durante su reinado, Hugo debió hacer frente a numerosos oponentes. En primer lugar, uno de sus grandes rivales: Carlos de Lorena. Este último reapareció en 988 cuando se apoderó de la ciudad de Laon, uno de los últimos bastiones carolingios. Para hacerse respetar, el rey asedió dos veces la ciudad sin resultado.86 Preocupado por este fracaso, Hugo contactó con varios soberanos para obtener ayuda. En una carta redactada en julio de 988, por la pluma de Gerberto, el primer capeto no se contentaba de informar a la emperatriz Théophano (regente de su hijo Otón III) de las acciones de Carlos de Lorena. De hecho, le propone un encuentro:

Preocupado por confirmar para siempre nuestra mutua amistad, hemos decidido que Adelaida, la compañera de nuestro trono, os visitará el 22 de agosto en el pueblo de Sternay y que cumpliremos a perpetuidad entre vuestro hijo y nosotros, sin fraude ni dolo, todas las decisiones buenas y justas que hubiesen tomado juntas.
Hugo Capeto a Teófano, 988.87
Ahora bien, estando en Meersburg (cerca del lago Constanza) a lo largo del mes de agosto, parece que Teófano no se hubiera desplazado. Entonces Hugo trama un ardid.

Tras la muerte de Adalberón de Reims (989), decide elegir como nuevo arzobispo al carolingio Arnoul (un hijo ilegítimo del rey Lotario) en vez de Gerberto. Se piensa que intentaba tranquilizar a los partidarios de los carolingios, pero la situación se volvió contra el rey ya que Arnoul entregó Reims a Carlos.86 Entonces se formaron las alianzas; la guerra era abierta: Carlos se alió con el arzobispo de Reims y con Heriberto de Vermandois, y Hugo recibió el apoyo de Eudes de Blois a cambio de Dreux. En cuanto al papa, ambos adversarios solicitan su apoyo, mientras que la corte de Otón III se mantiene neutral, a pesar de las peticiones de Hugo.88 La situación se desbloqueó por la traición de Adalberón de Laon, obispo de Laon, quien se apoderó de Carlos y de Arnoul mientras dormían y los entregó al rey (991). Para lograr sus fines, Adalberón se hizo recibir en Laon haciendo creer a Carlos y Arnould que quería reconciliarse con ellos para recuperar su obispado. Bien acogido en Laon, jura sobre el pan y el vino (el Domingo de ramos89 29 de marzo o el Jueves santo90 2 de abril de 991) de conservar su fe en Carlos, antes de abrir las puertas de la ciudad al enemigo durante la noche.91 El último carolingio, fue encarcelado en Orleans y murió en fecha desconocida.86

Esta traición, que se produjo en pleno movimiento de la Paz de Dios (el concilio de Charroux data de 989), causó fuerte impresión en la mitad sur del reino: Adalberón de Laon quedó totalmente desacreditado en esas provincias y la imagen de Hugo Capeto quedó empañada.92 La guerra despiadada dirigida contra Carlos de Lorena por Laon y Reims (988–991), conocida por el relato de Richer de Reims y las cartas de Gerberto, habían vuelto al rey hostil a los ojos de una parte de la Iglesia. La visión que nosotros tenemos de la política del Capeto es exclusivamente aquella de los religiosos, de ahí la distancia que debemos tomar a la hora de enjuiciar a Hugo Capeto.93 Los intereses de unos y de otros, a menudo puestos en juego por familias diferentes, no eran convergentes. Nacían rivalidades y los conflictos entre los príncipes eran revelados por sus respectivos aliados religiosos. Adémar de Chabannes nos da una visión casi «maniquea» del reino de Hugo Capeto. El mismo autor nos da a la vez un retrato negativo y positivo del soberano. Es él quien nos cuenta la historia de un desafío del conde Audebert respecto a Hugo y Roberto

Qui vos reges constituerunt? (¿Quién os ha hecho rey?).94
Durante mucho tiempo, se ha afirmado que los meridionales habían sistemáticamente rechazado al primer Capeto. Recientemente, algunos estudios han matizado esta idea. Parece que el rechazo fue más bien de orden político (la captura de Carlos de Lorena) que dinástica. En efecto, se sabe que el duque de Aquitania rechazó someterse a su rey, «reprobando ese crimen de los francos (la captura de Carlos)» y el obispo de Laon fue comparado a Judas el «traidor».95 Finalmente, hicieron las paces en la ribera del Loira. Esta observación es aún más explícita en al ciudad de Limoges. Las actas muestran que, hasta el 988, se reconocía a Hugo e incluso la asociación al trono de Roberto ya que están fechadas refiriéndose a su reinado «regnante Ugo rege anno II et Rotberto filio suo anno primo» («firmado el segundo año del reinado del rey Hugo y el primero de su hijo Roberto»). Pero esto no duró, algunos meses más tarde, los archivos ya no estaban datados por su reinado: parece que el cambio se debió a que se conoció la historia de la captura de Carlos de Lorena y de la traición de Adalberón de Laon. Una vez puestos al corriente, las ciudades meridionales habrían rechazado la legitimidad de Hugo y de Roberto.96

Concilio de Saint-Basle de Verzy®
Lista de los obispos presentes en el concilio de Saint-Basle y/o suscriptores del diploma de Corbie (988) y para Saint-Crépin de Soissons97
Obispo Saint-Basle Diploma de Corbie Diploma de Saint-Crépin
Amiens X X X
Beauvais X X X
Noyon X X
Laon X X
Soissons X X X
Reims X X
Senlis X
París X
Sens X X
Orleans X
Auxerre X
Langres X
Bourges X X
Autun X
Mâcon X
Arnoul, que había traicionado al rey al abrir las puertas de su arzobispado de Reims a su tío Carlos de Lorena, último posible pretendiente carolingio, estaba apoyado por la Santa Sede. Hugo lo hizo juzgar en el concilio de Saint-Basle-de-Verzy (18 y 19 de junio de 991). La asamblea estaba compuesta por trece obispos (lo que era poco) y presidida por el arzobispo Seguin de Sens, poco favorable al rey. En revancha, los debates fueron dirigidos por el obispo Arnoul d'Orléans, cercano al rey. Responsable de la defensa, Abón de Fleury alegó que el soberano no podía convocar un concilio y que sólo el papa era competente para juzgar el asunto. Arnoul d'Orléans le replicó con una muy violenta requisitoria contra la Santa Sede.98 Arnoul fue destituido. Algunos días más tarde, Gerberto de Aurillac fue nombrado arzobispo de Reims. El papa Juan XV no aceptó este procedimiento y quiso convocar un nuevo concilio en Aquisgrán, pero los obispos de Francia rehusaron y confirmaron su decisión en Chelles (invierno de 993–994).99 Gerberto, apoyado por otros obispos, tomó posición, por la independencia de las Iglesias con respecto a Roma (que estaba controlada por los emperadores germánicos). A fin de evitar una excomunión de los obispos que participaron en el concilio de Sainte-Basle, y por tanto un cisma, Gerberto prefirió ceder. Abandonó el arzobispado y acudió a Italia. Toda la habilidad política de Hugo Capeto consistió, desde el principio del asunto, en pedir el apoyo del emperador y del papa (que evidentemente no obtuvo), y utilizar las divisiones de la Iglesia para meter en primera línea los obispos francos que emancipa a cambio de su apoyo. El uso de la vía conciliar fue por tanto un medio hábil de oponerse a la influencia del emperador, sin entrar directamente en conflicto.

En paralelo, Abón de Fleury, que había defendido vigorosamente a Arnoul, escribió que, a partir del reino de Hugo Capeto, la teoría de la realeza creada por Hincmaro de Reims fue retomada: el rey reina con los consejos de los eclesiásticos. Él y sus contemporáneos, por razones oscuras y totalmente opuestas a la opinión precedente, asignaron a partir de ese momento un gran interés a la realeza. Abbon recordó que era necesario ser fiel al rey y que cada uno de los grandes señores no era más que un depositario del servicio debido al rey.100 Olvidada bajo los últimos Carolingios, la imagen del «rey ideal» hizo su aparición: «El poder se sitúa siempre en la esfera elevada de lo público y se ejerce como oficio en vista del bien común», añadía Abbon. Parece que, sobre este punto, Hugo, para restaurar su imagen a los ojos de los obispos (Por ejemplo construyendo edificios religiosos), haya debido legitimar sus acciones contra los Carolingios:

Si Luis, de santa memoria, hubiese dejado descendientes, estos le habrían legítimamente sucedido.
Hugo Capeto según Richer, 990.101
Abón quería salvaguardar para el avenir la memoria capetiana aún frágil en las mentalidades del siglo XI. Bajo Hugo Capeto y aún con Roberto el Piadoso, el soberano estuvo ampliamente aconsejado y acompañado por los obispos siguiendo la tradición carolingia.

La insumisión de los grandes feudos®
Los historiadores (principalmente Ferdinand Lot102 o J.-F. Lemarignier) han escrito durante mucho tiempo que Hugo era un soberano muy débil durante el reinado en el que los señores feudales habían reemplazado a los príncipes familiares de palacio y que la Paz de Dios había sido decidida para contrarrestar un insuficiente brillo real.93 Una vez más, los estudios recientes han matizado estas teorías demasiado negativas. En 987, los contemporáneos debieron tener dudas tanto temían el replanteamiento del orden carolingio. Algunos mostraron abiertamente su hostilidad (Carlos de Lorena, Eudes de Blois) y otros (sobre todo los eclesiásticos) prefirieron esperar. Hemos visto que había aún, bajo el reinado de Hugo, costumbres carolingias.

Se señala a menudo a los catalanes como los primeros que rechazaron la legitimidad de Hugo. Arrebatado a los musulmanes por los carolingios, el condado de Barcelona había venerado durante mucho tiempo a estos últimos. Sin embargo, el primer capeto no visitó las abadías meridionales, y por lo tanto estas últimas no le solicitaron la confirmación de sus privilegios: hubo más bien alejamiento que ruptura.103 Además, Michel Zimmermann ha mostrado que la ruptura entre la corona de Francia y Cataluña no era nueva: «Desde Carlos el Simple y los últimos carolingios, asistimos a una falta de diligencia de los soberanos para reclamar la prestación de fidelidad ante su incapacidad para dar protección como contrapartida». Los condes de Barcelona renunciaron por tanto, desde 900, a realizar el viaje para el homenaje real. Se comprende ahora porqué Cataluña rehusó la exigencia de Hugo en enero de 988.104 Entre tanto, Barcelona fue asediada en 985 por Al-Mansur. El conde Borrell II llamó a su protector el rey de los Francos, pero Lotario murió a lo largo del año 986 y Luis V tuvo un reinado demasiado breve para preparar una expedición. Al día siguiente de la coronación de Hugo Capeto, Borrell renovó su llamamiento y Hugo prometió su ayuda a cambio de un homenaje en Aquitania, en vano.105

En fin, Hugo debió hacer frente, durante todo su reinado, a la oposición de Eudes de Blois cuyas posesiones cercaban el dominio real. El conde de Blois se aseguró la toma de Melun, entonces dirigida por Bouchard de Vendôme, sobornando al castellano y a los milites (caballeros) del castillo.106 Tras este golpe de mano, se formó una coalición entre el rey, el conde de Anjou y el duque de Normandía (991): Melun fue reconquistada y Eudes vencido. Este último retomó las armas y conquista Nantes, en seguida reconquistada por el conde de Anjou Fulco Nerra. Inquietos por el poder del angevino, Ricardo I de Normandía, Eudes de Blois y Balduino IV de Flandes se aliaron contra él (995–996). El conflicto sin fin fue interrumpido por la muerte de Eudes en marzo de 996, luego por la de Hugo Capeto hacia finales de octubre del mismo año.107

El fin del reinado®
Eudes de Blois murió en marzo de 996, dejó una viuda de la que estaba prendado Roberto II el Piadoso. Hugo Capeto rechazó esta unión que le aportaría la Borgoña a su hijo, ya que Berta de Borgoña era su prima en tercer grado, y el matrimonio habría sido consanguíneo.

Durante el verano de 996, ya enfermo, Hugo habría acudido con su fiel Bouchard al monasterio de Souvigny donde reposaba su amigo San Mayeul (muerto en 994). El rey puede que estuviese enfermo de viruela, Richer testimonia: «Hugo, que tenía todo el cuerpo cubierto de pústulas, fallece en su castillo de los Judíos».108 «Los Judíos» era una aldea hoy desaparecida, cerca de Chartres, en el corazón de la Beauce. No estaba ya en guerra contra Eudes de Blois, muerto en marzo de 996, y tenía alrededor de 55 años cuando falleció durante las nuevas Calendas del año 996.109 Desapareció «sin hacer ruido» tras haber superado sin gloria las dificultades que le crearon sus enemigos. El difunto rey fue inmediatamente transportado a la Abadía de Saint-Denis donde fue inhumado ante el altar de la Santa Trinidad junto a Eudes, un ilustre ancestro de la familia.110

El reino de Hugo Capeto®
Los principados territoriales®
Hugo Capeto, como sus predecesores, se hace llamar «rex Francorum» (rey de los francos) y no «rey de Francia», lo que significa que se siente más bien soberano de un pueblo, los francos (los hombres libres), que de un territorio. Bien entendido, estos vínculos no descansan sobre una presencia física que haría conocer al rey en el conjunto del reino. Es incluso posible que el primer Capeto se desinterese progresivamente del sur del reino ya que las abadías no apelan a él para la confirmación de sus bienes.45 Si bien es conocido al norte del Loira, esto es menos cierto en las regiones meridionales, como confirma el relato de Abón de Fleury de su viaje a Gascuña:

Heme aquí más poderoso en este país que el rey, ya que aquí nadie conoce su dominio.
Abón de Fleury, v. 1000.111

Mapa 2: El reino de Hugo Capeto al principio de su reinado, finales del siglo X.

Mapa 3: La influencia de Hugo Capeto hacia 995. Según Y. Sassier (1987), p. 238.
En efecto, desde mediados del siglo X, los condados creados en tiempos de los Carolingios se fueron independizando progresivamente ante la debilidad del poder real. Los más poderosos de entre ellos se localizaban en los márgenes del reino (mapa 2):

El conde de Barcelona: se suspendió la relación de vasallaje desde 987.112
El conde de Flandes: situado en el extremo norte del reino, estaba dirigido por Arnulfo II el Joven y después por Balduino IV el Barbudo. La familia condal, tradicionalmente cercana al poder carolingio, sostuvo la candidatura de Carlos de Lorena en 987.
El ducado de Normandía: situado al oeste de París, es un poderoso ducado administrado eficazmente por el duque Ricardo I quien realiza una política de reconstrucción religiosa. El duque es un ferviente opositor a los carolingios y aliado de los robertinos. Se casó con Emma, hermana de Hugo Capeto (960), y reconoce a este último como su señor (968) después su soberano.113
El conde de Anjou: rico y poderoso, el conde de Anjou Fulco Nerra es un apoyo fiel al rey capeto a quien apoyará durante todo el reinado.
Los condes de Blois, condes de Châteaudun, de Chartres y de Reims: Eudes I de Blois es el enemigo personal de Hugo Capeto. Hugo el Grande había confiado a la familia de Blois un castillo que se convirtió en independiente a lo largo del siglo X. Su aliado, Heriberto IV de Vermandois, posee Troyes, Meaux, Provins y Vitry, y es igualmente uno de los grandes enemigos del primer Capeto.
El duque de Bretaña: según los historiadores, o bien se había beneficiado de una amplia autonomía o bien era completamente independiente desde 851 por la atribución del título de rey a Erispoe por Carlos el Calvo tras una derrota humillante de este último. Este reino desaparece casi 50 años más tarde tras su conquista por los Normandos entre 913 y 917. Este territorio se convierte en ducado tras la toma de Nantes por Alano Barbetorte pero queda bajo la influencia de normanda, los duques de Bretaña rendían homenaje a los duques de Normandía.114 115 Su situación a finales del siglo X es poco conocida, a falta de fuentes suficientes, parece sin embargo que dos poderosos señores compartían ese territorio, el arzobispo de Dol y el conde de Rennes. Es la época de una lucha dinástica que se dio tras la muerte de Drogon, hijo del duque Alano Barbetorte, sin heredero (tenía 4 años). En 990, se sabe que Conan I tomó el título de príncipe de Bretaña. El hecho de que la Bretaña no fuese parte de los pares de Francia, a pesar de su poder, tendería a demostrar, contrariamente a lo que intenta probar la historiografía francesa, que ese ducado no era parte del reino de Francia.
El ducado de Aquitania: es el más vasto de los principados territoriales (un cuarto del reino). Por su lengua, sus costumbres, su clima, todo opone la Aquitania al norte de Francia. El duque de Aquitania, Guillermo IV de Aquitania, se siente libre lejos de París. Sin embargo, su hermana Adelaida es la reina de los francos.
El ducado de Borgoña: es dirigido por el hermano del rey, Enrique el Grande a partir de 965, tras la muerte de su otro hermano Oton. Es aliado de Hugo.
Las posesiones del rey®
Los historiadores se han preguntado durante mucho tiempo por qué Hugo sólo había recuperado, tras su coronación, un minúsculo territorio que iba a constituir el dominio real. Parece que su elección había sido más un reconocimiento afectivo que un reconocimiento de su poder frente a los grandes señores.116 En efecto, sus vecinos más cercanos (el duque de Normandía o el conde de Anjou) eran más ricos que él en tierras y en hombres. Las posesiones del nuevo rey se reducían a trozos del antiguo ducado robertiniano, antaño consolidado por su padre. Estas amputaciones no se debían en absoluto a pérdidas territoriales ligadas a la reclamación de un hermano menor del rey.117

Este territorio estaba dominado por dos grandes ciudades, París y Orleans, y luego por algunas ciudades medianas, Étampes, Melun, Corbeil, Dreux y Senlis. Estas plazas fuertes eran en realidad capitales de pagi en el seno de las cuales el rey no ejerce sino el poder condal.117 En cada una de estas ciudades, Hugo Capeto disponía de un palacio, de una tropa de caballeros y de rentas territoriales y económicas.118 Cada una de sus posesiones estaba separada de las otras porque molestos vasallos (Montmorency, Montlhéry...) se fueron intercalando.116 Finalmente, el primer capeto disponía también de abadías que se mantenían como poderosos apoyos económicos y estratégicos: San Martín de Tours, Saint-Benoît-sur-Loire (Fleury-sur-Loire), Saint-Maur-des-Fossés, Saint-Germain-des-Prés y Saint-Denis. No quedaba casi nada del dominio carolingio, salvo en torno a Laon.116 Sería sin embargo ilusorio limitar la influencia de Hugo Capeto sólo a su dominio real. Su influencia se extiendía sobre una región mucho más vasta de Orleans hasta Amiens (mapa 3).

La administración en tiempos de Hugo Capeto®
Existe muy poca información sobre el reinado de Hugo Capeto. Sólo se han conservado un pequeño número de actas emitidas por su cancillería: apenas una docena. Un número ínfimo comparado con las centenares de su contemporáneo Otón III.119

La continuidad carolingia®

Monograma de Carlomagno, Karolus Rex (Carlos rey), (S.IX).
Hugo Capeto parece un soberano que se mantiene muy «carolingio» en algunos de sus comportamientos.120 En primer lugar, asoció a su único hijo, Roberto, a la corona. El príncipe, que tenía unos 15 años, fue aclamado y luego consagrado en la catedral de Orleans por Adalberón de Reims, la noche de la Navidad de 987. Esta práctica era ya usada en tiempos de los Carolingios, pero el pasado ha mostrado que esta precaución no impedía la elección de otro como rey (Carlos III en 922).121 Además, Carlos de Lorena mantuvo su protagonismo y el rey tuvo problemas para convencer al arzobispo de Reims para que lo apoyase. Este último, cuyo papel era capital para legitimar la consagración, no deseaba ver como la nueva dinastía se reforzaba precipitadamente. Pero, frente al argumento de Hugo, quien afirmó no poder dejar el reino sin dirigente y sin sucesión asegurada en un universo hostil (los vasallos enemigos del rey, los musulmanes), el arzobispo debió ceder.122

Curiosamente, se aprecia que el mismo rey y su entorno mantenían una tradición imperial de la monarquía franca. Así, una carta real de Hugo Capeto, fechada en 992, lo presentaba a él mismo y a su hijo como «poseedores del poder sobre el Imperio Franco» (imperii Francorum (...) potiti).123 Otro recuerdo franco fue la confección de un abrigo real por orden de la reina Adelaida, confiado al cuidado de Saint-Denis. Este vestido, llamado orbis terrarum, simbolizaba el mundo. Era un abrigo imperial y su significación era clara: «aquel que lo viste porta el mundo sobre sus hombros, como Atlas».124 Hasta 988, sabemos que todas las actas reales del primer capeto siguieron una práctica carolingia según la cual la firma (souscription) era realizada a la vez por el cancillería y por el rey, quien incluía los signos reales: su monograma (modelo carolingio) y el sello. Tras esta fecha, aún un acta de cada dos (conocidas) se hizo de esta manera.125

Evolución de las actas entre Hugo Capeto y Felipe I (987–1108)126
Soberano Diplomas de tipo carolingio Diplomas con suscripciones múltiples Cartas no reales suscritas por el rey Inutilizables
Huguo Capeto 11 1 1 4
Felipe I 11 46 26 7
Finalmente, la disminución, tan descrita por ciertos historiadores, de las relaciones por actas en los tiempos de los primeros capetos, es poco clara. Bajo los carolingios, los diplomas reales fueron raros en Normandía, Anjou, Poitou, Berry y Auvergne, e incluso inexistentes en Gascuña, Bordelais y Toulousain. En tiempos de Hugo Capeto, se enviaron menos documentos a Flandes y a Auvergne, pero se nota una multiplicación de las actas hacia Normandía, Touraine y Berry. No hay por tanto un verdadero corte con los despachos carolingios (excepto en el extremo sur).127 En resumen, Richer presentó al rey Hugo como un «Rey guerrero» que realizaba hazañas con su ejército. Para ser un verdadero carolingio, sólo le faltó la sangre de Carlomagno.!128

La ruptura capetiana®

Carta de Hugo Capeto cediendo las tierras de Maisons-Alfort a la abadía de Saint-Maur-des-Fossés (988).
Hasta 987, los clérigos no produjeron más grandes textos. Los reinados de los últimos carolingios no estimularon a los pensadores y parecían poner de lado a los hombres de la iglesia. Con Hugo Capeto, la situación pareció cambiar. En uno de sus diplomas, el rey aparece como el intermediario entre los clérigos y el pueblo (mediator cleri et plebis).129 Además, Abón de Fleury y Richer de Reims eran conscientes del cambio con respecto a la anterior dinastía. El monje de Reims añadió que Hugo y Roberto actúan:

No por un impulso precipitado sino como ellos tenían costumbre en todos las cosas, tomando consejo de la manera más cuidadosa.
Richer de Reims, Histoires, v. 990.130

Mapa 4: Representación de los destinatarios de las actasd de Hugo Capeto. Según J.-F. Lemarignier, Le gouvernement royal aux temps des premiers Capétiens (987–1108), Picard, París, 1965.
Los dos reyes, bajo la pluma de Gerber d'Aurillac, insistieron ellos mismos sobre esta necesidad de consilium «no queriendo para nada abusar del poder real nos decidimos todos los asuntos de la res publica [la cosa pública] recurriendo a los consejos y sentencias de nuestros fieles».130 De hecho, en caso de necesidad, los obispos del norte asistieron y sostuvieron al rey durante los litigios reales o los sínodos. Pero Hugo necesitaba el apoyo de la Iglesia para asentar totalmente su legitimidad, así como porque los contingentes de caballeros que componen su armada provenían en gran parte de los obispados.113

En lo referente a las actas reales, se ha visto que el rey sólo estaba presente realmente en la región situada entre el Oise y el Sena. Los diplomas reales pueden ser igualmente cartas privadas con un gran número de suscripciones. Con Hugo Capeto se abrió una nueva práctica en la redacción de las actas. Hasta 987, eran uniformemente el objeto, como hemos subrayado, de una firma de la cancillería junto a aquella del rey. De ahora en adelante, el rey debía hacer firmar algunos de sus diplomas (uno solo conocido de Hugo Capeto) no sólo por el canciller, sino por las personas que lo rodeaban (los grandes señores).

En lo sucesivo, parece que la autoridad real ya no servía, por si sola, para validar la decisión tomada.131 En efecto, las actas emanadas de la cancillería eran principalmente privilegios que confirman los dominios de los establecimientos religiosos (por ejemplo Saint-Maur-des-Fossés, 988) y los ponen bajo la protección del rey (mapa 4): quizá los clérigos estimaban inútil pedir la protección de un soberano tan débil.116 Esta posibilidad es hoy en día discutida ya que se considera que este cambio administrativo muestra menos un debilitamiento del rey que un cambio de método progresivo a partir de Hugo Capeto.132 Los últimos carolingios expedían aún un número importante de diplomas a las iglesias situadas en el sur. Se trataría de crear un sentimiento de legitimidad y de protección real contra los musulmanes próximos, política puesta entre paréntesis desde mediados del siglo X.133

Progreso cultural y arquitectónico®
El reinado de Hugo Capeto representó un renacimiento cultural, descrito por Helgaud de Fleury, desde el final del siglo X. Si bien la antigüedad ha estado siempre presente en la cultura de la Edad Media, el paisaje monumental va cambiando. En la actualidad se habla del arte prerrománico, claramente diferenciado del arte carolingio.134

Se atribuye a Hugo Capeto y la familia real la construcción de una serie de edificios: el soberano continuó la construcción del monasterio de Saint-Magloire inicada en París por su padre; por su parte, la reina Adelaide mandó a construir en Senlis una capilla para albergar las reliquias de San Frambourg y otra en Argenteuil para la abadía de Nuestra Señora.135 Hugo Capeto trabajó en estrecha colaboración con el Centro Cultural de la Saint-Benoît-sur-Loire. Los obispos también desempeñaban un papel esencial, se trabajaba en diversas ciudades para reconstruir o ampliar los santuarios a finales del siglo X, tal y como el de Beauvais y especialmente el de Reims. Sobre esto, Richer de Reims describió la construcción de la catedral de Reims por el arzobispo Adalberón de Reims en 976. «Muchos trabajos se han realizado: se destruyen las criptas occidentales y la entrada abovedada carolingia. se sustituye por un campanario-porche, en donde se colocará el cuerpo de San Calixto, antes de erigir un altar con un oratorio. Por último, el altar mayor es decorado con una cruz de oro y se abren nuevas ventanas decoradas con diversas historias.»136 Pero estas remodelaciones no eran del gusto de todos, por ejemplo, para Flodoard, que continuó con los anales después de la muerte de Richer de Reims, esta reconstrucción es considerada como un sacrilegio.137

Los centros urbanos también se desarrollaron. En Tours, el sector Saint-Martin, protegido por su castro de piedra generó un poblado vibrante con muchas tiendas. En París, en la época de Hugo Capeto, la ciudad estaba totalmente ocupada por el sector episcopal hacia el este y el Palacio Real, al oeste. Entre los dos, se observaba la presencia de un barrio, cuyos habitantes eran proveedores de productos valiosos para el rey y el obispo.138 A ambas orillas se elevaban burgos monásticos en torno a los cuales se ubicaban viñedos, talleres y puertos fluviales (Saint-Germain-des-Prés). Más allá, en Châteaudun, la «collégiale Notre-Dame» se instaló en 1003 dentro del castro mandado a construir por el conde de Blois, siendo este un caso aislado dado que los castillos privados no eran frecuentes. A finales del siglo XI, el tímido despertar económico permite dar continuidad a los trabajos urbanos de las ciudades urbanas (que se caracteriza por una estructura polinuclear): ciudad episcopal, castro y suburbio heredados de la alta edad media.139

Hugo Capeto y la Iglesia®

San Valerio se le aparece a Hugo Capeto (Grandes crónicas de Francia, siglo XIV.), París, Biblioteca nacional de Francia.
Hugo Capeto, que era Abad, comprendió rápidamente el interés que podía sacar de la reforma de Cluny. Mantuvo amistad con Maïeul de Cluny, mostró su devoción a las ceremonias religiosas y apoyó la reforma monástica. Otorgó en 994 al abad Heldric de la Abadía de San German de Auxerre, que la elección del abad fuese realizada por los mismos mojes y no por el Obispo Auxerre.140 Lógicamente fue apoyado para su elección por los reformadores de la Iglesia, y en particular, por Gerberto de Aurillac y Adalberon de Reims, líderes influyentes y familiares de los otonianos. Sobre todo en momentos en que los carolingios podían ser una amenaza para Otto II y Otto III.

Pero una vez en el poder, debía, a los ojos de los otonianos seguir siendo lo suficientemente débil que Francia no pueda erigirse como un contrapoder. Por ejemplo, Adalberon se mostraba reacio a coronar a su hijo Roberto, a pesar de haber sido entrenado por su maestro de escuela Gerberto. Fue necesaria toda la habilidad política de Hugo Capeto para convencerlo. Este último, delegó en Roberto el Piadoso responsabilidades reales religiosas y militares que de hecho lo impusieron como su sucesor. Como la reforma monástica no podía contar con el apoyo de todos los abades y obispos laicos, aparecieron divisiones dentro de la Iglesia. Odilón de Cluny y el movimiento de la Paz de Dios, fueron fuertemente criticados por clérigos prominentes de primer orden, especialmente al norte del Loira, como Adalberón de Laon o Gerard de Cambrai. Los otonianos controlaban la Santa Sede y maniobraban para que, en Francia, el poder continuase siendo compartido entre los carolingios y los robertinos.

La traición del arzobispo Arnoul fue un duro golpe para el crédito del rey. Sin embargo, este último maniobró con habilidad, utilizando la vía conciliar para contrariar las decisiones de la Santa Sede (que estaba sometida al emperador). Además, en contraste con los pocos medios de que dispone el rey, su legitimidad se afirmó gracias al apoyo de los grandes eclesiásticos: Que veían bien que el rey, aunque débil, encarnaba la tradición de una autoridad superior, la única capaz de mantener el orden y la paz en la sociedad cristiana. Los obispos de Aquitania y del Languedoc elaboraron sin duda, a falta de algo mejor, la Paz de Dios en el momento mismo en el que Hugo Capeto comenzó a reinar, pero sus colegas del norte, más cercanos a la realeza, buscaban darle un apoyo ideológico (Gérard de Cambrai, Adalberón de Laon).141

Justamente, Abón de Fleury, que había defendido vigorosamente a Arnoul en el concilio de Verzy, escribió que, a partir del reinado de Hugo Capeto, la teoría de la realeza, forjada por Hincmaro de Reims, fue retomada: el rey reinaba con el consejo de los eclesiásticos. Él y sus contemporáneos, por razones oscuras y totalmente opuestas a la opinión precedente, dieron a partir de ese momento una gran importancia a la realeza. Abbon recordaba que era necesario ser fiel al rey y que cada uno de los grandes señores no era otra cosa que un depositario del servicio debido al rey.100 Olvidado bajo los últimos carolingios, la imagen del «rey ideal» hizo su aparición:

el poder se sitúa siempre en la esfera elevada de lo público y se ejerce como oficio en vista del bien común
, añadía Abbon. Parece que, sobre este punto, Hugo, para recuperar su prestigio a los ojos de los obispos (construyendo edificios religosos por ejemplo), debió legitimar sus acciones contra los Carolingios:


Medallón mostrando a Hugo Capeto de perfil, 1630–1640, Biblioteca nacional de Francia
Si Luis, de santa memoria, hubiera dejado descendencia, esta le habría legítimamente sucedido.
Huguo Capeto según Richer, 990.142
Abbon quería salvaguardar para el futuro la memoria capetiana, que seguía siendo aún frágil en las mentalidades del siglo XI. Al contrario que los últimos carolingios, los primeros capetos uniéndose al clan de obispos del noreste de París (Amiens, Laon, Soissons, Châlons...), cuyo apoyo se mostró determinante con el transcurso de los acontecimientos.130 Hugo Capeto y Roberto el Piadoso necesitaban el apoyo de la Iglesia para asentar aún más su legitimidad, entre otras razones porque los obispos suministraban la mayoría de los contingentes de la armada real.113 En uno de sus diplomas, los dos reyes aparecen como los intermediarios entre los clérigos y el pueblo (mediatores et plebis).129 Y los dos reyes ellos mismos, bajo la pluma de Gerberto de Aurillac insisten sobre la necesidad de “concillium”: «No queriendo para nada abusar del poder real nos decidimos todos los asuntos de la “res publica” recurriendo a los consejos y sentencias de nuestros fieles».130

En suma, a pesar de un poder real relativamente débil, Hugo Capeto logró crear divisiones en el seno de la alta aristocracia y de la Iglesia para obtener apoyos suficientes para transmitir hereditariamente su corona, a despecho del poder de los Otonianos. Sin embargo, la restauración de un poder real más fuerte respondía también a un movimiento más amplio: la Paz de Dios estaba fundando progresivamente una sociedad de tres órdenes, en la que el clérigo, que era el depositario de la cultura, se volvió indispensable para el ejercicio del poder.

Sin embargo, la evolución culminó en el siglo XI con un apoyo clerical que parecía cada vez menos indispensable (en particular a partir del reinado de su nieto Enrique I) en provecho de los poderosos laicos.