lunes, 25 de mayo de 2026

Ruiz Valero y Rodríguez de Avendaño Lucía Jacinta ★Bisabuela n°7P,★ Ref: RV-1644 |•••► #ESPAÑA 🏆🇪🇸★ #Genealogía #Genealogy


 Aquí tienes la información traducida al español, con un formato limpio, estructurado y fácil de leer:

📌 Línea de Ascendencia Paterna

Relación: Lucía Jacinta Ruiz-Valero y Rodríguez de Avendaño es la 7.ª bisabuela de Carlos Juan Felipe Antonio Vicente de la Cruz Urdaneta Álamo.
Método de numeración: Sosa-Stradonitz
  • (1) Carlos Juan Felipe Antonio Vicente de la Cruz Urdaneta Álamo (N° 1)
  • (2) Dr. Enrique Jorge Urdaneta Lecuna (N° 2 — Padre)
  • (3) Dr. Carlos Urdaneta Carrillo (N° 4 — Abuelo)
  • (4) Dr. Enrique Urdaneta Maya (N° 8 — Bisabuelo)
  • (5) Josefa Alcira Maya de la Torre y Rodríguez (N° 17 — Tatarabuela)
  • (6) María Vicenta Rodríguez Uzcátegui (N° 35 — 3.ª tatarabuela)
  • (7) María Celsa Uzcátegui Rincón (N° 71 — 4.ª tatarabuela)
  • (8) Juana Paula Hermenegilda Rincón Paredes (N° 143 — 5.ª tatarabuela)
  • (9) María Gracia de Paredes Ruiz Valero (N° 287 — 6.ª tatarabuela)
  • (10) Lucía Jacinta Ruiz-Valero y Rodríguez de Avendaño (N° 575 — 7.ª tatarabuela)
Realizado por: Ing. Carlos Juan Felipe Urdaneta Álamo, MDIG.

👤 Perfil Biográfico

  • Nombre: Lucía Jacinta Ruiz-Valero y Rodríguez de Avendaño
  • Género: Femenino
  • Nacimiento: Aproximadamente en 1644

Familia Inmediata:

  • Padres: Alonso Ruiz Valero y Gaviria & Catalina Rodríguez de Avendaño
  • Esposo: Miguel Jerónimo de Paredes Ruiz-Valero
  • Hijos:
    • María Gracia de Paredes Ruiz Valero
    • Baltasar Paredes Ruiz Valero
    • Manuel de Paredes Ruiz Valero
    • Cecilia Paredes Ruiz
    • Catalina de Paredes Ruiz-Valero
  • Hermano: Tomás Ruíz-Valero

Datos de Gestión del Perfil:

  • Añadido por: Coronel Francisco Cárdenas Cárdenas (15 de julio de 2009)
  • Administrado por: Rafael Antonio Acosta Sanabria, Manuel Rafael Rivero Sanabria y Pablo Romero

Si lo deseas, puedo ayudarte a analizar un perfil familiar específico de esta lista o redactar un párrafo biográfico continuo para una presentación formal. ¿Cómo prefieres proceder?
Érase una vez, en los albores del año del Señor de 1644, cuando los picos nevados de los Andes venezolanos vieron nacer a una niña llamada Lucía Jacinta. Su cuna no era una cualquiera; pertenecía al linaje de los Ruiz Valero y Rodríguez de Avendaño, hidalgos y terratenientes que gobernaban tierras en una lejana provincia del Imperio Español.
Esta es la crónica de su vida, un viaje a través de un siglo de luces y sombras coloniales.

El Despertar de la Provincia (1644–1660)

Nuestra protagonista creció en un mundo de contrastes. Mientras en la lejana Europa los reinos se desangraban en guerras santas, el hogar de Lucía Jacinta era una tierra indómita de encomiendas, caña de azúcar y febril devoción cristiana.
De niña, escuchaba el murmullo de los ríos y los rezos en latín. Su familia, descendiente de los primeros conquistadores y fundadores de ciudades como Mérida y Trujillo, ostentaba el poder local. Su padre, Don Alonso, y su madre, Doña Catalina, la educaron bajo las estrictas leyes del honor, el linaje y el decoro eclesiástico.

El Lazo del Matrimonio y el Linaje (1660–1680)

Al alcanzar la edad de merecer, el destino de Lucía Jacinta quedó sellado no por el azar, sino por las alianzas de sangre. Unió su mano en sagrado matrimonio con Miguel Jerónimo de Paredes Ruiz-Valero, un caballero de igual alcurnia.
Su hogar se convirtió en un bastión familiar donde el llanto de los niños trajo la promesa de la continuidad. Cinco vástagos florecieron de esta unión: María Gracia, Baltasar, Manuel, Cecilia y Catalina. Lucía Jacinta no solo gobernaba los asuntos del hogar, sino que custodiaba el honor de un apellido que debía sobrevivir al rigor de las pestes, las malas cosechas y el aislamiento del Nuevo Mundo.

Los Años de las Sombras y los Piratas (1680–1700)

A medida que Lucía Jacinta envejecía, los cielos de la provincia se oscurecieron. Aunque vivían en el interior, los ecos del terror llegaban desde las costas: los piratas y corsarios franceses e ingleses asolaban los puertos del Caribe. Las noticias de ciudades saqueadas sembraban el pánico, obligando a los hombres de su estirpe a armarse en milicias para defender el territorio del Rey de España.
Para mayor pesar, el fin del siglo XVII trajo consigo la decadencia de la dinastía de los Austrias en España. Las leyes se volvían más severas y el comercio más difícil. En este retiro andino, la fe era el único refugio, y Lucía Jacinta se convirtió en la matriarca piadosa, guiando a sus hijos y nietos a través de las tormentas políticas que hacían temblar al Imperio.

El Ocaso de una Era (1700–1719)

Hacia el año 1700, el viejo orden mundial se derrumbó. Al fallecer el rey Carlos II sin herederos, estalló una terrible guerra de sucesión en Europa que cambió la corona española a la dinastía de los Borbones. Aunque el eco de las batallas cruzaba el océano debilitado, trajo consigo nuevas autoridades, más impuestos y un control más estricto de las colonias.
Ya anciana, y habiendo enviudado, Lucía Jacinta vio cómo el mundo de su infancia se desvanecía. Alrededor de 1719, tras setenta y cinco años de una existencia dedicada a la tierra, a la Iglesia y a la sangre, la gran dama de los Andes cerró los ojos por última vez.
Dejó tras de sí un legado impreso en la tierra venezolana, una semilla que viajaría a través de las generaciones (pasando por el Dr. Enrique y el Dr. Carlos) hasta florecer siglos después en su séptimo nieto, manteniendo viva la memoria de la estirpe.

Para enriquecer aún más este relato sobre tus antepasados, ¿te gustaría que investiguemos el contexto histórico específico de la región andina venezolana (Mérida/Trujillo) durante esos años, o prefieres que redactemos el perfil de su esposo Miguel Jerónimo con este mismo estilo de crónica?


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