19° Bisabuelo: Don Alfonso López de Haro
Sujeto principal: Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta Álamo
Parentesco: Don Alfonso López de Haro es su 19° bisabuelo (19th great-grandfather).
Línea de Ascendencia (Línea Paterna)
Sistema SS
| Gen. | Nombre y Títulos | Parentesco | N° SS |
| 1 | Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta Álamo | Sujeto principal | 1 |
| 2 | Dr. Enrique Jorge Urdaneta Lecuna | Padre | 2 |
| 3 | Elena Cecilia Lecuna Escobar | Abuela paterna (madre de 2) | 5 |
| 4 | María Elena de la Concepción Escobar Llamozas | Bisabuela (madre de 3) | 11 |
| 5 | Cecilia Cayetana de la Merced Llamozas Vaamonde | Tatarabuela (madre de 4) | 23 |
| 6 | Cipriano Fernando de Las Llamozas y García | 4° abuelo (padre de 5) | 46 |
| 7 | José Lorenzo Llamozas Silva | 5° abuelo (padre de 6) | 92 |
| 8 | Joseph Julián Llamozas Ranero | 6° abuelo (padre de 7) | 184 |
| 9 | Manuel Llamozas Requecens | 7° abuelo (padre de 8) | 368 |
| 10 | Isabel de Requesens | 8° abuela (madre de 9) | 737 |
| 11 | Luis de Requeséns y Zúñiga, Gobernador de los Países Bajos | 9° abuelo (padre de 10) | 1.474 |
| 12 | Juan de Zúñiga Avellaneda y Velasco | 10° abuelo (padre de 11) | 2.948 |
| 13 | Pedro de Zúñiga y Avellaneda, II conde de Miranda del Castañar | 11° abuelo (padre de 12) | 5.896 |
| 14 | Diego López de Zúñiga y Guzmán, I conde de Miranda del Castañar | 12° abuelo (padre de 13) | 11.792 |
| 15 | Pedro Zúñiga y García de Leyva | 13° abuelo (padre de 14) | 23.584 |
| 16 | Diego López de Zúñiga y Rojas | 14° abuelo (padre de 15) | 47.168 |
| 17 | Gonzalo López de Zúñiga y Hurtado de Mendoza | 15° abuelo (padre de 16) | 94.336 |
| 18 | Diego López de Zúñiga y Haro, Señor de Las Cuevas y Alesanco | 16° abuelo (padre de 17) | 188.672 |
| 19 | Mencía Álvarez de Haro | 17° abuela (madre de 18) | 377.345 |
| 20 | Álvar Díaz de Haro | 18° abuelo (padre de 19) | 754.690 |
| 21 | D. Juan Alfonso de Haro | 19° abuelo (padre de 20) | 1.509.380 |
| 22 | Don Alfonso López de Haro | 19° bisabuelo (padre de 21) | 3.018.760 |
Ficha Biográfica
Don Alfonso López de Haro (López de Haro Alfónsez)
- Sexo: Masculino
- Nacimiento: 1218
- Fallecimiento: Hacia febrero de 1268 (45–54 años)
- Dignidad / Cargo: Gran Comendador de la Orden de Santiago
Entorno Familiar Inmediato
- Padres:
- Padre: Lope Díaz II de Haro "Cabeza Brava", señor de Vizcaya
- Madre: Urraca de León, señora consorte de Vizcaya
- Cónyuges:
- Doña María Álvarez, Señora de los Cameros
- Sancha Gil
- Hijos:
- D. Juan Alfonso de Haro
- Hermanos carnales:
- Lope "el Chico" López de Haro, II señor de la Guardia
- Diego López III de Haro, XII señor de Vizcaya
- Pedro López de Ayala
- Mencía López de Haro, Reina consorte de Portugal
- Urraca Díaz de Haro
- Álvaro López de Haro
- D. Manrique López(y otros 6 hermanos)
- Medios hermanos:
- Urraca López de Haro y Ruiz de Castro
Fuentes y Referencias Históricas
- Livro Velho das Linhagens de PortugalEscrito en el siglo XIII por autor anónimo y publicado por D. António Caetano de Sousa, clérigo regular.
- Enlace documental:
Arquivo Nacional da Torre do Tombo - Referencia de imagen:
PT-TT-GMS-E24_m0124.tif - Transcripción:«5) D. Tereja Alvares casou com Dom Afonso Lopez de Biscaya, filho de Dom Lope e de dona Orrâca, filha de El Rey de Leão e de dona Ignes de Mendonça , e teve dela: João Afonso Dalfaro . Este casou com: dona ...Affonso, (filha Affonso Telles de Cordoba e de Marianes Baticella) e tem dela : João Afonso Dalfaro»(Aporte documental: Jackson Bertagnoli)
- Foundation for Medieval Genealogy (FMG) – Medieval Lands (MedLands): Vizcaya
- Constancia de defunción de don Alfonso López de Haro con posterioridad a febrero de 1268.
- Registro del cargo de Gran Comendador de la Orden de Santiago.
SS — Realizado por: Ing. Carlos Juan Antonio Urdaneta Álamo, MDIG
En los albores del siglo XIII, cuando los reinos cristianos cabalgaban al sur al rumor del hierro y las campanas, nació en 1218 un infanzón predestinado a caminar entre dos mundos: la fiereza de los montes norteños y el ardor de la frontera andaluza. Aquel niño era Alfonso López de Haro, retoño legítimo de don Lope Díaz II, apodado «Cabeza Brava», gran señor de Vizcaya, y de doña Urraca de León, sangre directa de los reyes leoneses.
Por sus venas no corría un caudal ordinario: llevaba la herencia de los lobos de Vizcaya —emblema de su estirpe montaraz— templada con la púrpura de la realeza leonesa. Sin embargo, en aquel tiempo feudal, los laureles del señorío principal no pertenecían al segundón; el destino de Alfonso no aguardaba en el trono solariego, sino que debía ser forjado con lanza propia.
I. El fragor de las campanas del sur (1230–1248)
La juventud de don Alfonso coincidió con la hora más gloriosa de la caballería castellana. Bajo el cetro de Fernando III, más tarde llamado el Santo, las coronas de Castilla y León se fundieron en un solo pulso y miraron hacia el sur. El aire de la península olía a polvo de camino, asedio y campamento.
Para un noble de su cuna, la madurez se alcanzaba a lomos de corcel. Alfonso creció viendo cómo el reino devoraba las taifas musulmanas del Guadalquivir: Córdoba cayó en 1236, Jaén cedió tras amargos asedios en 1246, y finalmente la perla mora, Sevilla, abrió sus puertas en 1248. Don Alfonso no fue mero espectador; en aquellos campos andaluces, los segundones de la alta nobleza comprendieron que el prestigio y la hacienda no dependían únicamente del feudo paterno, sino del favor real y del reparto de heredades conquistadas a filo de espada.
II. La cruz bermeja: El Gran Comendador
Consciente de su lugar en el linaje, Alfonso tomó una de las sendas de mayor poder e influencia espiritual y militar de la época: vistió el hábito de la Orden de Caballería de Santiago, cuyo pecho adornaba la venerada cruz con forma de espada roja.
En la Edad Media, ingresar en una orden militar no equivalía al retiro monástico, sino a comandar un ejército de monjes-guerreros que custodiaba las marcas fronterizas más sangrientas. Alfonso escaló los peldaños de la jerarquía santiaguista hasta alcanzar la dignidad de Gran Comendador, el segundo oficio más alto de la orden tras el Gran Maestre. Desde esa atalaya de poder, administraba fortalezas, encomiendas, rentas y guarniciones, convirtiéndose en un baluarte indispensable para la defensa de los reinos cristianos contra los embates del Islam.
III. El lazo de los Cameros y la alianza de sangre
La política feudal no se libraba únicamente en los campos de batalla; se decidía en las cámaras nupciales. Don Alfonso enlazó su destino con doña María Álvarez de los Cameros, heredera de uno de los señoríos más estratégicos y agrestes de la geografía peninsular: el Señorío de los Cameros, en las serranías riojanas, encrucijada natural entre Castilla, Navarra y Aragón.
A través de esta unión y de su posterior enlace con doña Sancha Gil, don Alfonso no solo acrecentó dominios territoriales, sino que sembró una red de alianzas que aseguró la supervivencia y el encumbramiento de su progenie —de donde brotaría don Juan Alfonso de Haro—. El señorío no era solo tierra: era justicia propia, vasallos leales y el control de los pasos cordilleranos.
IV. Vientos de discordia bajo Alfonso X (1252–1268)
Tras la muerte de Fernando III, ascendió al trono su hijo Alfonso X, el Rey Sabio. Aquella corte ilustrada, henchida de astronomía, leyes y canciones de loor a la Virgen, albergaba también un nido de tormentas. El nuevo monarca buscaba recortar los privilegios tradicionales de la nobleza para imponer una ley centralizada desde Toledo, y soñaba con ser coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
La alta nobleza se rebeló. Entre los cabecillas de la discordia figuraba la propia sangre de Alfonso: su hermano mayor, don Diego López III de Haro, señor de Vizcaya, quien desafió abiertamente al rey y buscó el amparo de Navarra. Al mismo tiempo, en 1264, una feroz sublevación mudéjar estalló en Andalucía y Murcia, apoyada por los nazaríes de Granada y los benimerines del norte de África, poniendo en jaque medio siglo de conquistas cristianas.
Don Alfonso López de Haro vivió atrapado en una formidable encrucijada: el lazo de sangre que le ataba a los rebeldes señores de Haro frente al estricto voto de lealtad religiosa y militar como Gran Comendador de Santiago, cuya misión ineludible era defender la frontera del rey. Fue un equilibrista de la lealtad, sosteniendo el peso de su casa sin romper los juramentos sagrados de su orden.
V. El descanso del guerrero (1268)
Hacia el frío mes de febrero de 1268, tras medio siglo cabalgando entre asedios moriscos, capítulos de la orden, pleitos de señoríos y cónclaves reales, la llama de don Alfonso López de Haro se extinguió.
Cerraba los ojos habiendo cumplido el ideal del caballero del siglo XIII: nacido bajo la sombra de los lobos vizcaínos, ungido por la sangre real leonesa, enriquecido por el agreste señorío de Cameros y consagrado bajo la roja espada de Santiago. En su memoria no quedó solo el eco del hierro en la lid, sino la piedra angular de un linaje que custodiaría su nombre a través de los siglos.



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