Línea de Ascendencia Genealógica (Línea Paterna)
Vínculo: Don Juan Alfonso de Haro es el 18.° bisabuelo (antepasado directo en 20.ª generación) de Carlos Juan Felipe Antonio Vicente de la Cruz Urdaneta Álamo.
Cadena de Ascendencia Directa (Sistema Sosa-Stradonitz)
| Gen. | N.° Sosa | Nombre | Parentesco / Título |
| 1 | 1 | Carlos Juan Felipe Antonio Vicente de la Cruz Urdaneta Álamo | Sujeto principal |
| 2 | 2 | Dr. Enrique Jorge Urdaneta Lecuna | Padre |
| 3 | 5 | Elena Cecilia Lecuna Escobar | Abuela paterna |
| 4 | 11 | María Elena de la Concepción Escobar Llamozas | Bisabuela |
| 5 | 23 | Cecilia Cayetana de la Merced Llamozas Vaamonde | Tatarabuela (3.ª abuela) |
| 6 | 46 | Cipriano Fernando de las Llamozas y García | 4.° abuelo |
| 7 | 92 | José Lorenzo Llamozas Silva | 5.° abuelo |
| 8 | 184 | Joseph Julián Llamozas Ranero | 6.° abuelo |
| 9 | 368 | Manuel Llamozas Requesens | 7.° abuelo |
| 10 | 737 | Isabel de Requesens | 8.ª abuela |
| 11 | 1.474 | Luis de Requeséns y Zúñiga | 9.° abuelo (Gobernador de los Países Bajos) |
| 12 | 2.948 | Juan de Zúñiga Avellaneda y Velasco | 10.° abuelo |
| 13 | 5.896 | Pedro de Zúñiga y Avellaneda | 11.° abuelo (II conde de Miranda del Castañar) |
| 14 | 11.792 | Diego López de Zúñiga y Guzmán | 12.° abuelo (I conde de Miranda del Castañar) |
| 15 | 23.584 | Pedro de Zúñiga y García de Leyva | 13.° abuelo |
| 16 | 47.168 | Diego López de Zúñiga y Rojas | 14.° abuelo |
| 17 | 94.336 | Gonzalo López de Zúñiga y Hurtado de Mendoza | 15.° abuelo |
| 18 | 188.672 | Diego López de Zúñiga y Haro | 16.° abuelo (Señor de Las Cuevas y Alesanco) |
| 19 | 377.345 | Mencía Álvarez de Haro | 17.ª abuela |
| 20 | 754.690 | Álvar Díaz de Haro | 18.° abuelo |
| 21 | 1.509.380 | Don Juan Alfonso de Haro | 19.° abuelo (18.° bisabuelo / Señor de los Cameros) |
Ficha Biográfica: Don Juan Alfonso de Haro
- Nombre y título: Don Juan Alfonso (Alonso) de Haro, Señor de los Cameros.
- Sexo: Masculino.
- Nacimiento: Hacia el 5 de septiembre de 1248.
- Fallecimiento: Después del 7 de marzo de 1312 (entre 59 y 63 años aprox.).
- Padres: Don Alfonso López de Haro y Doña María Álvarez, Señora de los Cameros (Madrastra: Sancha Gil).
- Cónyuge: Doña Constanza Alfonso de Meneses.
- Hijos conocidos:
- Álvar Díaz de Haro (D. Álvaro Díaz de los Cameros).
- María Alfonsez de Haro.
- Don Alonso López de Haro (Señor de los Cameros, Rico-hombre de Castilla).
- Inés Alfonso de Haro.
- Don Juan Alfonso de Haro.
Registro Documental y Créditos
- Fuente histórica citada: Foundation for Medieval Genealogy (FMG) – Medieval Lands: Vizcaya.
- Catalogación Sosa-Stradonitz: Realizado por el Ing. Carlos Juan Felipe Urdaneta Álamo, MDIG.
Corría el año del Señor de 1248 cuando los heraldos pregonaban la rendición de Sevilla y, en el abrupto norte peninsular, nacía Don Juan Alfonso de Haro. Heredó por cuna el Señorío de los Cameros, un enclave escarpado y agreste entre las actuales tierras riojanas y sorianas que funcionaba como bisagra estratégica entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. En este mundo de fortalezas de piedra y bosques impenetrables, portar los dos lobos pasantes en el blasón no era solo un signo de hidalguía, sino la exigencia de sobrevivir como fiera entre fieras.
La juventud de Juan Alfonso coincidió con el reinado de Alfonso X el Sabio, un monarca visionario que intentó someter la indómita voluntad de los ricoshombres mediante las leyes de las Partidas y tributos para sus quimeras imperiales. La alta nobleza respondió con desdén y conspiraciones. Juan Alfonso aprendió pronto cuán frágil era la gracia real: en 1277 presenció la caída en desgracia y ejecución de su pariente Simón Ruiz de los Cameros por orden del rey sabio, un golpe brutal que amenazó con arrebatarle el solar familiar y le enseñó que en la corte castellana un error se pagaba en la hoguera.
Cuando el reino se desgarró en la sangrienta guerra sucesoria entre el anciano Alfonso X y su rebelde hijo Sancho IV «el Bravo», el señor de los Cameros hubo de afinar su astucia política. La casa de Haro alcanzó el pináculo de la privanza real con Don Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya, hasta que las dagas del propio rey acabaron con él en el drama de Alfaro en 1288. Juan Alfonso supo guardar las distancias justas para no ser arrastrado por la vorágine, asegurando sus dominios mientras las facciones nobiliarias se devoraban mutuamente.
La prueba de fuego definitiva llegó tras la muerte repentina de Sancho IV en 1295. Durante la minoría de Fernando IV, una jauría de nobles insaciables, infantes de la Cerda e invasiones de reyes vecinos intentaron desmembrar Castilla. En esos años de anarquía, la reina madre María de Molina sostuvo la corona con temple admirable, y Juan Alfonso gobernó su señorío fronterizo como un bastión inexpugnable, negociando lealtades y blindando sus valles.
Hacia 1312, cuando Fernando IV «el Emplazado» exhalaba su último suspiro, Juan Alfonso de Haro cerraba también sus ojos tras más de seis décadas de tempestades. Dejó a su linaje la memoria de un señor feudal que navegó la violencia dinástica más implacable de la Edad Media castellana, gobernando con la prudencia del halcón y la ferocidad del lobo.


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