Esta línea de ascendencia materna documenta una trayectoria genealógica directa de 20 generaciones (19 saltos generacionales), vinculando los linajes mantuanos y coloniales de Venezuela con la nobleza alavesa, vizcaína y la alta nobleza del Reino de León y el Principado de Asturias del siglo XI.
| Gen. | N° Sosa | Nombre / Título | Relación / Observaciones |
| 1 | 1 | Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta Álamo | Sujeto principal (Ego) |
| 2 | 3 | Morella Álamo Borges | Madre |
| 3 | 7 | Belén Eloína Borges Ustáriz | Abuela materna |
| 4 | 15 | Belén de Jesús Ustáriz Lecuna | Bisabuela |
| 5 | 30 | Miguel María Ramón de Jesús Uztáriz y Monserrate | Tatarabuelo |
| 6 | 61 | María de Guía de Jesús de Monserrate e Ibarra | 2ª Bisabuela |
| 7 | 122 | Tte. Cnel. Manuel José de Monserrate y Urbina | 3ᵉʳ Bisabuelo |
| 8 | 245 | Antonieta Felicita Javiera Ignacia de Urbina y Hurtado de Mendoza | 4ª Bisabuela |
| 9 | 490 | Andrés Manuel Ortiz de Urbina y Landaeta, I Marqués de Torrecasa | 5° Bisabuelo (Nobleza criolla) |
| 10 | 980 | Manuel Ortiz de Urbina y Márquez de Cañizares | 6° Bisabuelo |
| 11 | 1960 | Manuel de Ortiz de Urbina y Suárez | 7° Bisabuelo |
| 12 | 3920 | Juan Ortiz de Urbina y Eguíluz | 8° Bisabuelo |
| 13 | 7840 | Martín Ortiz de Urbina | 9° Bisabuelo |
| 14 | 15680 | Pedro Ortiz de Urbina | 10° Bisabuelo |
| 15 | 31360 | Ortún Díaz de Urbina | 11° Bisabuelo (Tronco de Álava) |
| 16 | 62720 | Diego López | 12° Bisabuelo |
| 17 | 125440 | Diego I López «el Blanco», III Señor de Vizcaya | 13° Bisabuelo (Casa de Haro) |
| 18 | 250881 | Tecla Díaz | 14ª Bisabuela |
| 19 | 501762 | Diego Álvarez de Asturias, Señor de Oca y Pedroso | 15° Bisabuelo |
| 20 | 1003524 | Don Rodrigo II Díaz de Asturias «el Asturiano», Señor de Nava | 17° Bisabuelo (c. 1023–1091) |
Hitos Históricos del Eje Genealógico
- El Eje Colonial y Mantuano Caraqueño (Gen. 1–9): Conecta las ramas Álamo, Borges y Ustáriz con la línea de los Marqueses de Torrecasa (título nobiliario concedido a Andrés Manuel Ortiz de Urbina y Landaeta), estableciendo la raíz patricia venezolana.
- El Tronco Alavés y Señorial (Gen. 10–15): La casa solariega de Ortiz de Urbina en el País Vasco y Álava, enlazada históricamente con los caballeros y linajes de feudo del norte peninsular.
- La Casa de Haro y Señores de Vizcaya (Gen. 16–17): Enlace directo con Diego López I «el Blanco», figura central en la consolidación del Señorío de Vizcaya y la reconquista castellana del siglo XI y XII.
- El Linaje Astur-Leonés y Señorío de Nava (Gen. 18–20): Rodrigo Díaz de Asturias («El Asturiano»), hijo del Conde de Noroña Diego Rodríguez de Asturias y de Jimena Alfonso de León, entronca con la nobleza altomedieval cantábrica y las alianzas de frontera con las casas de Gormaz, Castanheda y la realeza leonesa.
En el año de gracia de 1023, cuando las brumas del reino asturleonés descendían sobre los valles escarpados del norte, vio la luz don Rodrigo Díaz de Asturias, a quien la tradición recordaría con reverencia como «el Asturiano». Nacido en el seno de la más encumbrada nobleza —hijo del conde Diego Rodríguez de Asturias y de doña Jimena Alfonso de León—, su destino quedó forjado desde la cuna entre las intrigas de la corte leonesa y el clamor de una Reconquista que despertaba con furia.
Aquel siglo XI fue un tiempo de reyes intrépidos y fronteras movedizas. Rodrigo creció en un mundo donde la península ibérica se reconfiguraba a golpe de espada. Siendo un joven señor feudal, presenció el fulgor de Fernando I el Magno y la unificación de los reinos de León y Castilla tras la célebre batalla de Tamarón. Como Señor de Nava, don Rodrigo no solo custodió con celo las fortalezas montañosas y los pastos de sus ancestros, sino que organizó huestes y mesnadas para defender los pasos estratégicos que comunicaban el mar Cantábrico con la meseta castellana.
Fue en la línea del río Duero donde su linaje cobró una dimensión legendaria. El matrimonio de don Rodrigo con damas de la ilustre estirpe de Gormaz selló una alianza vital con la mayor fortaleza califal y cristiana de la frontera, uniendo la sangre de los antiguos señores astures con los defensores de las marcas de choque frente al poder musulmán. A través de este pacto, su influencia se extendió hacia los señoríos de Oca y Pedroso, asegurando rutas comerciales y enclaves militares decisivos.
Durante su madurez, Rodrigo presenció las feroces guerras civiles entre los herederos de Fernando I, el dramático cerco de Zamora y la posterior consolidación de Alfonso VI, quien culminaría la histórica toma de Toledo en 1085. En sus últimos años, ya anciano y venerado por los caballeros de la comarca, vivió la conmoción que sacudió a los reinos cristianos con la llegada de los almorávides y la batalla de Sagrajas.
Hacia el año 1091, don Rodrigo rindió su último aliento en sus tierras señoriales. Dejó tras de sí un legado de fortalezas inexpugnables, tratados de frontera y una descendencia que enlazaría la más pura nobleza asturleonesa con las grandes casas señoriales de Vizcaya, Álava y los futuros linajes de ultramar.


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