sábado, 19 de septiembre de 2026

King Erwig Des Wisigoths ♛★Bisabuelo n°29M,REY★ Ref: KE-0645 |•••► #ESPAÑA 🏆🇪🇸★ #Genealogía #Genealogy

 

29° Bisabuelo: Rey Ervigio de los Visigodos

Sujeto principal: Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta Álamo

Parentesco: El Rey Ervigio de los Visigodos es su 29° bisabuelo (29th great-grandfather).

Línea de Ascendencia (Línea Materna)

Sistema SS

Gen.Nombre y TítulosParentescoN° SS
1Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta ÁlamoSujeto principal1
2Morella Álamo BorgesMadre3
3Belén Eloína Borges UstárizAbuela materna (madre de 2)7
4Belén de Jesús Ustáriz LecunaBisabuela (madre de 3)15
5Miguel María Ramón de Jesús Uztáriz y MonserrateTatarabuelo (padre de 4)30
6María de Guía de Jesús de Monserrate e Ibarra4ª abuela (madre de 5)61
7Teniente Coronel Manuel José de Monserrate y Urbina5° abuelo (padre de 6)122
8Antonieta Felicita Javiera Ignacia de Urbina y Hurtado de Mendoza6ª abuela (madre de 7)245
9Andrés Manuel Ortiz de Urbina y Landaeta, I Marqués de Torrecasa7° abuelo (padre de 8)490
10Manuel Ortiz de Urbina y Márquez de Cañizares8° abuelo (padre de 9)980
11Manuel de Ortiz de Urbina y Suárez9° abuelo (padre de 10)1.960
12Juan Ortiz de Urbina y Eguíluz10° abuelo (padre de 11)3.920
13Martín Ortiz de Urbina11° abuelo (padre de 12)7.840
14Pedro Ortiz de Urbina12° abuelo (padre de 13)15.680
15Ortún Díaz de Urbina13° abuelo (padre de 14)31.360
16Diego López14° abuelo (padre de 15)62.720
17Diego I "el Blanco" López, III señor de Vizcaya15° abuelo (padre de 16)125.440
18Lope II Díaz Íñiguez, II señor de Vizcaya, IV conde de Vizcaya16° abuelo (padre de 17)250.880
19Íñigo López Ezquerra, conde y I señor de Vizcaya17° abuelo (padre de 18)501.760
20Lope Velázquez, señor de Colindres18° abuelo (padre de 19)1.003.520
21Velasco19° abuelo (padre de 20)2.007.040
22Íñigo López, V conde de Vizcaya20° abuelo (padre de 21)4.014.080
23Lope "el Lindo" Íñiguez, IV conde de Vizcaya21° abuelo (padre de 22)8.028.160
24Íñigo "Ezquerra o el Zurdo" Ortiz López, III señor de Vizcaya22° abuelo (padre de 23)16.056.320
25Lope "Jaun Zuria / El Señor Blanco" Sarracínez, conde y I señor de Vizcaya23° abuelo (padre de 24)32.112.640
26Zeno, V señor de Vizcaya24° abuelo (padre de 25)64.225.280
27Hedón, IV señor de Vizcaya25° abuelo (padre de 26)128.450.560
28Aznar, III señor de Vizcaya26° abuelo (padre de 27)256.901.120
29Eudón, II señor de Vizcaya, duque de Cantabria y de Aquitania27° abuelo (padre de 28)513.802.240
30Andeca López de los Vascones, duque de Cantabria, I señor de Vizcaya28° abuelo (padre de 29)1.027.604.480
31López de Cantabria, duque de Cantabria (de los Visigodos)29° abuelo (padre de 30)2.055.208.960
32Rey Ervigio de los Visigodos29° bisabuelo (padre de 31)4.110.417.920

Ficha Biográfica

Rey Ervigio de los Visigodos (Flavius Ervigius)

  • Sexo: Masculino

  • Nacimiento: Hacia 645

  • Fallecimiento: Hacia 687 (33–50 años)

  • Dignidad: Rey de los visigodos de Hispania (680–687)

Entorno Familiar Inmediato

  • Cónyuge:

    • Liubigotona Balthes de los Visigodos (Liubigoto)

  • Hijos:

    • López de Cantabria, duque de Cantabria (de los Visigodos)

SS — Realizado por: Ing. Carlos Juan Antonio Urdaneta Álamo, MDIG

Ervigio

Las actas del XII Concilio de Toledo relatan que el domingo 14 de octubre de 680, el rey Wamba cayó en un estado de inconsciencia, por lo que recibió la penitencia, sacramento que de acuerdo a la práctica de la época se aplicaba a la hora de morir, y debido a ello fue vestido con los hábitos religiosos y tonsurado en presencia de magnates laicos de su palacio,[3] lo que de acuerdo al VI Concilio de Toledo le incapacitaba para reinar.[4] Cuando volvió en sí, se encontró en un estado irreversible y firmó documentos para que Ervigio fuese proclamado y ungido como su sucesor por el metropolitano Julián de Toledo. La Crónica de Alfonso III de finales del siglo IX y comienzos del siglo X indica que Ervigio drogó a Wamba, dejándolo en un estado cercano a la muerte, ante lo cual recibió la penitencia, y cuando Wamba se recuperó, se encontró tonsurado, y aceptó retirarse a un monasterio.[5]

En el XII Concilio de Toledo, los obispos certificaron la autenticidad de los documentos que acreditaban la toma de hábitos religiosos por parte de Wamba, lo que le impedía reinar, y que este pidiese que Ervigio fuese proclamado como su sucesor. Sin embargo, la designación de un rey por su predecesor no formaba parte de la elección del nuevo monarca, y dado que el 14 de octubre Wamba recibió la penitencia y horas después, el 15 de octubre, Ervigio fue proclamado rey, esta rapidez induce a pensar en una intriga palaciega, a lo que se añade que fue el propio Ervigio quien instaba a los obispos del XII Concilio a publicar los hechos.[6] Al mismo tiempo, esta secuencia rápida de hechos indica que la historia posterior del veneno o la droga no puede ser cierta.[7] En la intriga parece haber intervenido el metropolitano de Toledo, Julián II, quien ya había trabado amistad con Ervigio y era contrario a las medidas de Wamba para debilitar la sede toledana.[8] Sin embargo, existe la hipótesis de que Ervigio no formase parte de la conjura: ante el desvanecimiento de Wamba, el entorno palatino aprovechó para destronarlo mediante el sacramento de la penitencia y la tonsura eclesiástica, y cuando Wamba se recobró, renunció al trono y designó como sucesor a Ervigio como su propio candidato para desbaratar los planes de los conjurados, algo que la Iglesia aceptó, pero Ervigio se ganó así la animadversión de los conjurados que habrían tenido otro candidato, lo cual explica la debilidad del monarca en su reinado y el hecho de designar a Ervigio como su propio sucesor.[9]

Legislación

Ervigio fue consagrado el 21 de octubre, pero las circunstancias de su ascenso al trono hicieron que Ervigio llevara una política de grandes concesiones y sometimiento a la nobleza y a los obispos.[10]

En primer lugar, procuró asegurarse la posición en el trono, y en el XII Concilio de enero de 681 se declaró la legitimidad de Ervigio, lo que fue confirmado en el XIII Concilio de noviembre de 683. A pesar de esto, la familia del rey veía que su situación era desesperada y por ello el rey obtuvo del XIII Concilio la protección de su familia a su muerte con la amenaza de anatema.[11]

Un tremissis acuñado en Mérida durante el reinado de Ervigio.

En el XII Concilio, el rey tenía preparadas veintiocho leyes antijudaicas,[12] como las referidas a la obligatoriedad del bautismo, la prohibición de la circuncisión, no poder tener esclavos cristianos, prohibición de celebrar fiestas judías, o el seguimiento de los desplazamientos, aunque se derogó la pena de muerte indiscriminada presente en la legislación de Sisebuto.[13] Esta rapidez da a entender que algunas leyes ya estaban preparadas por Julián de Toledo antes de la abdicación de Wamba.[14] Además de la legislación antijudía, Ervigio logró reafirmar la ley militar de Wamba pero se perdonó con derecho retroactivo a los que habían perdido derechos civiles a causa de la aplicación de la ley en la época de Wamba.[15][16][17]

Por otro lado, Ervigio pidió a los obispos la revisión del Liber Iudiciorum y en noviembre de 681 ya estaba lista la revisión de ochenta leyes de Recesvinto, a las que se aclaró su significado,[18] y se añadieron tres leyes de Wamba,[19] y seis leyes nuevas del propio Ervigio que se sumaban a la legislación antijudía aprobada recientemente.[20] Sin embargo, no hay evidencia que se hubiera intentado indicar que la revisión de Ervigio hubiera reemplazado a la de Recesvinto.[21]

Ante el empeoramiento de la problemática situación socioeconómica, el rey convocó el XIII Concilio para asegurarse el apoyo de la nobleza, con medidas como la amnistía de los condenados por rebeliones -no solo la del conde Paulo, sino que abarcaba la época de Chintila-,[22] la condonación de todos los impuestos pendientes hasta el inicio de su reinado[15] y la exclusión de libertos y esclavos de los cargos palatinos;[17][16] además los cargos palatinos obtuvieron el ser juzgados por sus iguales,[22] el denominado Habeas corpus de los godos.

Sucesión

Ante la debilidad del monarca y los conflictos con la nobleza, con el fin de evitar represalias para con su familia casó a su hija Cixilo con Égica, un magnate pariente de Wamba y que encabezaba un clan nobiliario hostil, en algún momento de su reinado.[23].[24] Puesto que Ervigio no podía esperar que un hijo suyo pudiera mantenerse en el trono, el matrimonio de Cixilo con Égica era una forma de compatibilizar ambas familias. Para evitar que sus hijos quedaran desamparados cuando él desapareciera, hizo jurar a Égica que garantizaría la protección de la reina y de sus hijos —juramento que trató de desligarse en el XV Concilio de Toledo—.[25]

En 687, sintiéndose mortalmente enfermo, Ervigio proclamó a Égica como su sucesor el 14 de noviembre y el 15 recibió la penitencia, desligando de su obediencia a los magnates para que fueran a acompañar al nuevo rey a Toledo.[26] No se tiene constancia de la fecha de su muerte.[27]


Predecesor:
Wamba
Rey de los Visigodos
680 - 687
Sucesor:
Égica


En la Toledo de mediados del siglo VII, encaramada como una corona de peñascos sobre las aguas leonadas del río Tajo, vino al mundo en torno al año 645 un príncipe llamado Ervigio. Su linaje no era un caudal ordinario dentro de la nobleza goda: en sus venas se unían el vigor guerrero de los visigodos y la astucia diplomática del Imperio Romano de Oriente. Su padre, Ardabasto, era un noble llegado de Constantinopla que traía consigo el refinamiento bizantino, mientras que su madre enlazaba directamente con la más alta nobleza hispanogoda vinculada a la corte de Chindasvinto. Aquel niño creció en una corte donde las palabras y los silencios cortaban tanto como las espadas.

La sombra del guerrero y el susurro en palacio

A medida que Ervigio alcanzaba la mocedad, el reino visigodo ardía bajo tensiones implacables. En aquella Hispania, los reyes no heredaban la corona por derecho incuestionable, sino que eran elegidos entre magnates que se vigilaban con desconfianza permanente. En 672 subió al trono el anciano noble Wamba, un monarca austero y enérgico que sofocó a sangre y fuego la rebelión de Septimania. Wamba promulgó leyes severísimas que obligaban a nobles y prelados a marchar a la guerra ante el menor atisbo de rebelión, despojando de sus tierras y títulos a quienes se demoraran.

Ervigio, hábil, culto y conocedor de los laberintos palatinos, ascendió hasta convertirse en conde y figura de máxima confianza en el entorno real. Sin embargo, entre los salones de Toledo crecía el resentimiento de la aristocracia y del alto clero hacia la mano de hierro de Wamba. Ervigio comprendió que en el reino visigodo ningún cetro estaba seguro y que quien supiera manejar las leyes de la Iglesia tendría en su mano el destino de la corona.

El bebedizo y la tonsura sagrada

En la noche del 14 de octubre de 680 se desencadenó el lance más enigmático de la historia hispana. El rey Wamba cayó repentinamente en un trance profundo y letal tras apurar una copa. Las crónicas de la época susurran que fue Ervigio quien suministró al anciano monarca un bebedizo confeccionado con esparto, una infusión sedante que dejaba el cuerpo inerte y la mente en penumbra, asemejando las vísperas de la muerte.

Creyéndolo a las puertas del juicio divino, los obispos y sacerdotes de palacio cumplieron con el canon sagrado: aplicaron sobre Wamba el sacramento de la penitencia in extremis, lo vistieron con el sayal monástico y raparon su cabeza con la tonsura clerical. La ley eclesiástica visigoda era inmutable: quien recibía la tonsura de penitente quedaba consagrado a Dios de por vida y quedaba absoluta y legalmente inhabilitado para empuñar la espada o gobernar.

Al día siguiente, el rey Wamba despertó libre de los efectos del veneno, pero despojado de su reino. Ya no era un rey militar; ante la ley y la fe, era un monje. En medio del desconcierto, Ervigio presentó unos pergaminos con el sello palatino donde constaba la abdicación de Wamba y su designación expresa para sucederle en el trono. Aquel fue un golpe de Estado magistral, librado sin derramar una sola gota de sangre gracias al empleo implacable del propio derecho canónico.

La mitra, la cruz y la unción real

Ungido monarca en octubre de 680, Flavio Ervigio sabía que la corona que ceñía reposaba sobre arenas movedizas. Para acallar las sospechas de traición y conjurar el temido «morbo gótico» —la vieja costumbre de deponer y asesinar a los reyes—, convocó en enero de 681 el Duodécimo Concilio de Toledo.

Ante una basílica colmada por más de treinta obispos, presididos por la imponente figura de Julián de Toledo, Ervigio se arrodilló, extendió los pergaminos y puso su legitimidad en manos de la Iglesia. Julián y los prelados absolvieron formalmente a Ervigio, validaron la renuncia de Wamba y consagraron al nuevo rey mediante la unción divina. A cambio del espaldarazo de la mitra, Ervigio cedió poder: promulgó una exhaustiva revisión del Código de las Leyes (Liber Iudiciorum), suavizó las odiadas leyes militares de Wamba, devolvió las honras a los linajes caídos en desgracia y endureció las disposiciones dogmáticas exigidas por la jerarquía eclesiástica.

Los años de penuria y la última alianza

Gobernar aquella Hispania no fue un camino de gloria. Durante su reinado, que se extendió de 680 a 687, el reino fue azotado por sequías prolongadas, cosechas arruinadas y brotes de peste que diezmaron las provincias. Los campos clamaban al cielo y el descontento popular amenazaba con resquebrajar la paz.

Ervigio, casado con la dama Liubigotona, comprendió que sus días declinaban y que sus enemigos no perdonarían a su sangre una vez él no estuviera para defenderla. Con mente política, buscó reconciliar a las dos facciones enfrentadas del reino: concertó el matrimonio de su hija Cixilo con Égica, un noble pariente directo del depuesto Wamba. Con esta alianza de alcoba, Ervigio creyó sellar la concordia de ambas estirpes y asegurar la supervivencia de sus descendientes.

El retorno de las sombras

En el otoño de 687, sintiendo las garras de una dolencia definitiva, el rey Ervigio recordó la jugada con la que había ganado el trono siete años atrás. Temeroso del juicio eterno y de las intrigas que ya se fraguaban alrededor de su lecho, decidió cerrar el círculo con sus propias manos: el 14 de noviembre de 687 se sometió voluntariamente a la penitencia eclesiástica, recibió la tonsura monástica y transfirió la diadema a su yerno Égica.

Apenas unos días después, Ervigio expiró entre los muros de Toledo. Moría el estadista que combinó la sotileza bizantina con el pragmatismo godo; el monarca que demostró que, en la Hispania del siglo VII, el dominio de los cánones y la pluma podía ser un arma más fulminante que el filo de mil espadas.



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