Línea de Ascendencia Genealógica (Línea Materna)
22.º Bisabuelo de Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta Álamo
Ramiro de Asturias es su 22.º bisabuelo (antepasado en 24.ª generación).
Secuencia de Ancestros (Sistema Sosa-Stradonitz)
- Carlos Juan Antonio Vicente De La Cruz Urdaneta Álamo (N.° 1)
- Morella Álamo Borges (su madre, N.° 3)
- Belén Eloína Borges Ustáriz (su madre, N.° 7)
- Belén de Jesús Ustáriz Lecuna (su madre, N.° 15)
- Miguel María Ramón de Jesús Uztáriz y Monserrate (su padre, N.° 30)
- María de Guía de Jesús de Monserrate e Ibarra (su madre, N.° 61)
- Teniente Coronel Manuel José de Monserrate y Urbina (su padre, N.° 122)
- Antonieta Felicita Javiera Ignacia de Urbina y Hurtado de Mendoza (su madre, N.° 245)
- Andrés Manuel Ortiz de Urbina y Landaeta, I Marqués de Torrecasa (su padre, N.° 490)
- Manuel Ortiz de Urbina y Márquez de Cañizares (su padre, N.° 980)
- Manuel de Ortiz de Urbina y Suárez (su padre, N.° 1960)
- Juan Ortiz de Urbina y Eguíluz (su padre, N.° 3920)
- Martín Ortiz de Urbina (su padre, N.° 7840)
- Pedro Ortiz de Urbina (su padre, N.° 15680)
- Ortún Díaz de Urbina (su padre, N.° 31360)
- Diego López (su padre, N.° 62720)
- Diego I «el Blanco» López, III señor de Vizcaya (su padre, N.° 125440)
- Tecla Díaz (su madre, N.° 250881)
- Diego Álvarez de Asturias, señor de Oca y Pedroso (su padre, N.° 501762)
- D. Rodrigo Díaz, duque de Asturias, «el Asturiano», señor de Nava (su padre, N.° 1003524)
- Diego Rodríguez de Asturias, conde de Noroña y Asturias (su padre, N.° 2007048)
- Rodrigo Alfónsez de Asturias (su padre, N.° 4014096)
- Justa Ordóñez de Asturias (su madre, N.° 8028193)
- Ordoño de Asturias (su padre, N.° 16056386)
- Ramiro de Asturias (su padre, N.° 32112772)
Ficha Biográfica y Genealógica
- Nombre principal: Ramiro de Asturias
- Denominación histórica / variante: Dn. Ramiro Menéndez de Valdés
- Género: Masculino
- Período de nacimiento estimado: Entre 840 y 974
Familia Inmediata
- Cónyuge: Adonsina de Asturias
- Hijo: Ordoño de Asturias
Información de Registro
- Numeración y correspondencia Sosa-Stradonitz: Realizado por Ing. Carlos Juan Urdaneta Álamo, MDIG.
- Gestión original de ficha: Creado y administrado por Ing. Santiago Paz Brühl (8 de mayo de 2018).
Origen del Nombre y Apellido
- Etimología de «Ramiro»: Proviene del antropónimo germánico visigodo Ranimir o Radamir, compuesto por las raíces ragin / rad (consejo, decisión prudente) o ran (cuña de combate) y mers / mir (célebre, ilustre, famoso). Su significado conjunto se interpreta tradicionalmente como «aquel que es célebre por su prudencia en el consejo» o «guerrero ilustre».
- El cognomento «de Asturias»: Funciona como un toponímico de dignidad y origen territorial. Durante la Alta Edad Media (siglos IX y X), la partícula designaba a miembros de la familia regia astur-leonesa o a magnates de su corte (proceres y fideles) descendientes de la antigua nobleza visigoda refugiada en la cordillera cantábrica tras la invasión musulmana del 711.
Historia del Linaje
La denominación se consolidó en el contexto de la monarquía asturiana a partir del reinado de Ramiro I (842–850), monarca que repelió las primeras incursiones normandas en las costas galaico-asturianas y consolidó la frontera frente al Emirato de Córdoba.
Los descendientes e infanzones vinculados a esta estirpe —frecuentemente entroncados con familias comitales como los Álvarez de Asturias, los Nava o los Menéndez de Valdés— mantuvieron el calificativo territorial al desplazarse hacia el sur durante las campañas de repoblación en León, Castilla y Extremadura. Llevar el sobrenombre «de Asturias» servía en los siglos medievales como probanza de nobleza inmemorial, hidalguía solariega y descendencia directa de los primeros núcleos de la Reconquista.
Descripción Heráldica y Blasonamiento
El Escudo de Armas
- Campo: De azur (azul intenso), esmalte que en la heráldica simboliza la lealtad, la justicia, el celo divino y la majestad.
- Figura principal: Una cruz patada y rebordeada de oro (representación de la Cruz de la Victoria), guarnecida y enjoyada de pedrería en sus esmaltes naturales (rubíes, esmeraldas y perlas).
- Cargas adicionales: Pendientes de los brazos horizontal y diestro la letra griega mayúscula Alfa ($\mathrm{A}$), y del siniestro la letra Omega ($\mathrm{\Omega}$), ambas de oro, simbolizando el principio y el fin de todas las cosas.
- Lemas internos: En los flancos del campo, sendas leyendas en letras mayúsculas de plata: a la diestra, en palo, «HOC SIGNO TVETVR PIVS» (Con este signo es protegido el piadoso); a la siniestra, en palo, «HOC SIGNO VINCITVR INIMICVS» (Con este signo es vencido el enemigo).
Ornatos Exteriores
- Timbre: Yelmo de hidalgo o caballero en acero bruñido, colocado de perfil hacia la siniestra, con visera ranurada.
- Burelete y Lambrequines: Burelete de seis órdenes alternando azur y oro sobre la cimera; lambrequines envolventes de follaje vegetal que descienden simétricamente por los flancos, en azur perfilados y forrados de oro.
- Cimera: Naciente de la parte superior del yelmo, un león rampante de oro empuñando entre sus garras diestras una réplica de la Cruz de la Victoria.
- Tenantes y Soportes: Flanqueando el escudo y en posición de apoyo dinámico, dos leones rampantes de oro, linguados y uñados, que sostienen la bordura del blasón.
- Divisa familiar: En la parte inferior, una filacteria o cinta flotante de pergamino en blanco/oro con la divisa en letras de sable (negro): «RAMIRO DE ASTURIAS».
En las entrañas de las montañas cantábricas, donde la niebla bajaba como un sudario sobre valles indómitos, Ramiro de Asturias vio la luz hacia el año 840, cuando la cristiandad hispana pendía de un puñado de fortalezas de piedra y fe. No era aquel un tiempo de cortes refinadas ni de sedas, sino una era de hierro forjado a golpes de supervivencia: al sur rugía el implacable emirato omeya de Córdoba, mientras por las costas norteñas asomaban las amenazantes velas de los saqueadores vikingos. Crecer en la nobleza asturiana significaba aprender a empuñar la espada antes que las letras, custodiando pasos de montaña donde cada desfiladero era una trinchera.
Durante su mocedad, bajo el cetro de Ordoño I, Ramiro atestiguó un cambio trascendental: el reino ya no se conformaba con resistir en las cumbres, sino que comenzaba a descolgarse hacia las llanuras. Conoció el polvo de las cabalgadas y la repoblación de enclaves desolados como León y Astorga, viendo a hombres libres roturar la tierra con la mano izquierda en el arado y la derecha en la empuñadura de la lanza. Las crónicas de hazañas guerreras no eran ecos mitológicos para él, sino noticias sangrientas de compañeros de armas que regresaban de las fronteras con las cotas de malla hendidas.
Su madurez discurrió durante el reinado de Alfonso III el Magno, una época dorada de esplendor prerrománico donde los sillares toscos dieron paso a arcos estilizados en templos como San Salvador de Valdediós. En este tablero, Ramiro debió ejercer tanto el temple guerrero como la astucia señorial. Casado con Adonsina, consolidó su solar y su descendencia en un entorno donde las rebeliones nobiliarias eran tan peligrosas como las aceifas musulmanas. Cada pacto sellado aseguraba la supervivencia de su estirpe y preparaba el porvenir de su hijo Ordoño en un territorio que se ensanchaba a sangre y fuego hasta las riberas del Duero.
El invierno de su vida le deparó el desenlace más convulso. Hacia el año 910, presenció con ojos cansados cómo las intrigas palaciegas quebraban la corona: los infantes se rebelaron contra el viejo rey Alfonso III, forzando su abdicación y repartiendo el reino. El centro neurálgico del poder abandonó las brumas protectoras de Oviedo para instalarse en la llanura de León. Al apagar sus ojos en torno al año 915, el viejo caballero no solo dejaba un legado terrenal, sino que despedía para siempre el mítico Reino de Asturias para dar paso al nacimiento de la España medieval de los reinos abiertos.



No hay comentarios:
Publicar un comentario